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Directorio de servicios para y por bloggers
Hace unos días estaba viendo uno de los foros que frecuento normalmente sobre seo y posicionamiento y leo un post algo interesante.
Se trata de un directorio para servicios de y para bloggers, o sea, host, themes, sistemas, reviews, etc… el directorio es de pago y esta iniciando aunque ya tiene PageRank1 pero lo que ofrecen como “promo” pinta bien.
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Tags: Google, posicionamiento, SEO
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PayPerPost
Pay Per Post fue uno de los primeros sistema de post patrocinados para bloggers.
Como funciona?, simple, solo hay que registrarse y dar de alta el o los blogs que tenemos disponibles y hablamos de determinados temas puntuales por ejemplo, turismo, tecnología, publicidad, etc.
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Existen otros sistema simlares a Pay Per Post como lo son Zync y ReviewMe, ambos funcionan de la misma con la diferentes que Zync es solo para sitios en español.
Este tipo de sistema a hecho replantearse a los bloggers y/o editores sobre la credibilidad de su escritura y “periodismo independiente” (por darle algún nombre), la verdad es que he usado estos sistema y la forma de contrarestar esto es simplemente escribiendo lo que a uno le interesa!!!!!, o sea, escribis de lo que te interesa y de lo que sabes, y ademas te pagan por hacerlo!!!!!!
Tags: posicionamiento, Publicidad
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comunactivo
Será acaso un ¿activo común?, no estoy seguro. De todas formas se trata de la palabra que propone Alianzo en su tercera edición de Haz ruido, un concurso de posicionamiento web que se realiza anualmente con el único fin de competir (sanamente) entre entendidos en la materia seo.
El objetivo. el ganador será aquel que sume más visitas y reacciones en Technorati en la misma fecha, además de una valoración en base a criterios de originalidad que hará un jurado de expertos en el tema., según se cita en las bases de la competencia.
La palabra fue dada a conocer hace escasas 3hs y comunactivo ya registra algunos resultados en busquedas de google, como también los dominios .com , .net, .org, .ue e .info han sido registrados.
Se trata de habilidad, agilidad, mañas y marketing viral. Propias de la cotidiana tarea que entendidos en posicionamiento web realizan, veremos que resulta.
Por lo pronto…
Comunactivo , amigos
Sponsor: Pilote encamisado ó preexcavado
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Nuevo Directorio Web
Finalmente y luego de dar algunas vueltas he retomado un proyecto que lo tenia bastante dejado de lado.
El mismo trata de un directorio web donde puedan registrar sus dominios para aquellos que busquen el posicionamiento en los buscadores.
El directorio es WebEnlace y esta desarrollado bajo una aplicación de libre distribución (PHPLD)
Los invito a subir sus enlaces a este nuevo directorio…. pronto… vendrá otro!!!…. esten atentos!!
Tags: posicionamiento
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Marco Teórico
El Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas de España, publicado en febrero del 2003 y titulado “Los cambios sociales de los últimos 10 años”, concluye que los hogares son cada vez más pequeños a pesar de que la emancipación se retrasa. Las cifras muestran que en los últimos 30 años se ha pasado de una media de casi 4 miembros por hogar a estar por debajo de los 3, y cita entre las causas el claro aumento del número de personas que viven solas y el descenso de la natalidad. En este punto es interesante analizar lo que posteriormente se agrega: “Esa disminución del tamaño medio de los hogares se produce a pesar de que el 73% de las personas con 25 años siguen aún solteras y viviendo con alguien de la generación anterior, normalmente sus padres. Ese porcentaje no baja del 50% hasta los 28 años y en el 35% a los 30 años. Hace sólo 20 años esto era muy distinto: el porcentaje de solteros a los 25 años ha pasado del 40% a más del doble (85%) ahora, y a los 29 años, del 20% al 56% (casi el triple).”
Múltiples determinaciones atraviesan este cambio social. Las transformaciones sociales en la forma de vida vinculadas al avance científico, económico y tecnológico del siglo pasado han impactado en la organización del tiempo y del espacio, la tecnología y el confort permitieron hacer cosas en tiempos avanzados por ejemplo recorrer grandes distancias y la información que circula por el mundo a velocidades instantáneas.
La intención aquí no es hacer una análisis sociológico de estos aspectos que seguramente influirían en mayor o en menor medida en estas tendencias actuales sino advertir y situar en el contexto histórico y social la temática y delimitar la dimensión de análisis central del presente estudio, a saber: los aspectos psicológicos vinculados a una tendencia social en incremento: el vivir en soledad respecto de una pareja. ¿Por qué personas que viven es zonas urbanas manifiestan dificultades para encontrar una pareja?
Incluso las formas de vivir la sexualidad en la actualidad son muy diferentes al siglo XIX. Toda especie se ha sustentado en alguna forma de reproducción y supervivencia.
En el caso de la humanidad, el desarrollo tecnológico del último siglo aceptaría la posibilidad de pensar en transformaciones sin precedentes. La esperanza de vida se ha prolongado y aparentemente la tecnología se ha posicionado delante de la reproducción como sustento de nuestra especie.
Probablemente este cambio demográfico mostraría un cambio social trascendente e innovador.
Cada organización social y cultural contiene en sí el germen de producción de las formas del vivir y del sufrimiento mental. En los comienzos del siglo pasado Sigmund Freud construyó sus concepciones teóricas sobre la psicopatología de las neurosis en torno a las características de represión sexual de la época. Sin embargo en la actualidad parecieran surgir otros dilemas: las vicisitudes que se nos presentan en las formas de vinculación humana o la desvinculación humana, que en casos extremos llega a condiciones de inexistencia y deshumanización que irrumpen con una violencia mortífera.
No es un cambio menor que en solo 20 años se haya incrementado considerablemente el porcentaje de personas que elige un proyecto de vida en soledad respecto del emparejamiento, o que se proclamen socialmente en apogeo, a través de diferentes medios de comunicación masiva, la condición solitaria del hombre: los singles, los impares, las parejas Dinks que deciden no incluir hijos en sus proyectos. Este cambio es trascendente porque nos está mostrando una transformación medular en las formas de vivir la sexualidad y sobre todo las condiciones de reproducción humana.
Si se relaciona lo anterior con el desarrollo tecnológico se puede ver como muchas personas que eligen vivir solas por ejemplo pueden recurrir a formas asistidas de reproducción, como la inseminación artificial, o en un futuro, la clonación. Desde esta perspectiva se entiende que los seres humanos nos encontramos en condiciones de manipular tecnológicamente la reproducción de nuestra especie. Se podrá percibir que aquí no solamente se está hablando de la reproducción, sino fundamentalmente de nuestra capacidad para vincularnos con otros seres humanos.
Se advierte al lector que no se pretende hacer con de este preludio un panorama pesimista frente a lo novedoso, sino por el contrario. La intención es transmitir la trascendencia cualitativa de la transformación humana frente a la que nos encontramos. El cambio actual trasciende lo que es una pareja, para abarcar las condiciones mismas de la sexualidad y la humanización. El advenimiento de lo nuevo convoca a investigar y pensar.
A fin de abordar la temática es menester postular una teoría de la mente humana que incluya lo vincular.
En este sentido el psicoanálisis vincular aporta una lógica diferente, ya que entiende al sujeto como “Sujeto del vínculo”, es decir instituido subjetivamente desde el vínculo con el otro. “Sujeto del vínculo deviene de considerar la constitución subjetiva como efecto de la vincularidad. Es el vínculo el que instituye a los miembros de la pareja como sujetos de ese vínculo en particular. El término “sujeto” da cuenta de la condición de sujetados al vínculo, y al mismo tiempo constituidos subjetivamente por el. Cada sujeto es cincelado y construido juntamente con el otro, por y en el vínculo del que son parte, y que a su vez constituyen.” (Krakov, H. 2006: Presentación)
Conceptualizaciones respecto del término Vínculo
Según el Diccionario Enciclopédico de H. Castell (1986) el término “vínculo” tiene su origen en el latín vinculum, de vincere, cuyo significado es atar. Significa unión o atadura de una persona o una cosa con otra H. Castell (1986: pag.1451). Atar a su vez remite a “unir, juntar o sujetar con ligaduras o nudos” (Castel H. 1986: 139).
El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (2007) incluye además en su definición de “Vincular” la idea de tiempo, obligación y de algo producido y a producir: “Perpetuar o continuar algo o el ejercicio de ello… Someter la suerte o el comportamiento de alguien o de algo a los de otra persona o cosa.” La palabra incluye una modalidad de ligarse entre dos sujetos, que comprende aspectos latentes de la personalidad, que tiene un sentido de permanencia prolongada a lo largo del tiempo y que influye en forma considerable en la conformación del sujeto. Sugiere la idea de pertenencia, permanencia en la representación temporal y una ligadura profunda respecto del sí mismo.
Desde la teoría Psicoanalítica de las Configuraciones Vinculares el concepto vínculo fue adquiriendo diferentes reformulaciones teóricas. Los cambios radicales que se fueron elaborando en su teorización a lo largo de los años, desde aproximadamente la década del 80 hasta la actualidad, hacen que se plantee como un concepto complejo y difícil de asir. “Vínculo es una expresión compleja y, hasta ahora, sujeta a una casi permanente revisión” Berenstein, Isidoro. (2007:19).
La complejidad y dinamismo en su construcción teórica podría compararse metafóricamente al cause del río, a medida que el agua transcurre en su cause lo va modificando en su devenir. El concepto de vínculo, al igual que el cause del río, fue sufriendo transformaciones contundentes en el incansable intento de asirlo conceptualmente desde el trabajo en la clínica vincular y la producción teórica.
Berenstein I. y Puget J. inauguraron esta corriente psicoanalítica. Una de las primeras definiciones que ofrecieron en el trayecto de su enorme producción científica es descripta por Friedler R. (1998) en el Diccionario de las Configuraciones Vinculares. Allí se lo plantea como una noción central en esta la ampliación metapsicológica y lo definen como “una construcción básica para la construcción de la subjetividad que se da simultáneamente en tres espacios psíquicos, cada uno de ellos con sus representaciones específicas e independientes entre sí. Es una ligadura estable entre dos yoes (el subrayado es del autor) con características de extraterritorialidad. Se diferencia de la relación de objeto que es intrasubjetiva. Es una organización inconsciente constituida por dos polos (dos yoes, descripto desde un observador virtual, o un yo y otro, visto desde sí mismo) y un conector e intermediario que los liga… Se realiza en un entramado fantasmático que se produce entre los yoes, en una zona de contacto entre la investidura narcisista y lo incompartible del otro.” Friedler R. (1998: 451)Es registrado por ambos yoes como un sentimiento de pertenencia y se rige más por la suplementación que aporta el otro en cada yo que por la complementariedad.
Resulta particularmente interesante el recorrido histórico de los antecedentes del concepto que despliega Friedler R. (1998) en la definición del mismo, partiendo desde la obra de Freud hasta la actualidad, referenciando a Bateson (1956); Pichon Rivière (1956-57); Bion (1965), para quien, según expone la autora, el vínculo describe una experiencia emocional donde dos personas o dos partes de una personalidad que se relacionan unas con otras, con la experiencia de emociones básicas mediante ; Winnicott (1952); Kaës (1972); Aulagnier, P. (1975); Liberman, D. y Labos, E. (1982); Moguillansky (1991), entre otros. Desarrollar in extenso este punto excedería los objetivos del presente estudio, sin embargo se destaca estos antecedentes a fin de mostrar la trascendencia del concepto a lo largo del desarrollo psicoanalítico y reconocer el aporte que estos autores han realizado a la construcción conceptual del mismo.
Retomando la definición del concepto expuesta ut supra se remarca en la misma su referencia desde la lógica de dos yoes y un conector como una conceptualización congruente con el concepto de Yo y Relación de Objeto.
En la actualidad, el concepto de vínculo deviene en torno a un pasaje teórico del objeto al otro, de la relación de objeto al vínculo de sujetos y otros sujetos, del Yo al de sujeto del vínculo y de la idea de conector a la de situación.
Vínculo, sujeto y otro
Es así como, en el Ateneo Científico de APdeBA (2006), se resaltan dos conceptos como vertebrales en la actual producción teórica: la noción de otro y de vínculo. Al respecto se plantea: “Si bien no mantenemos un pensamiento unívoco, la categoría de otro en tensión con la de objeto, y la de vínculo con la de relación objetal, dio comienzo a un camino sumamente productivo que seguimos transitando.” (Palabras Preliminares)
En esta instancia Berenstein I. (2006) plantea que el “vínculo es pensado como una relación entre dos otros que comparten una situación, a partir de lo cual construyen para uno y el otro una subjetividad nueva; distinta a la que tenían previamente y a la que podrían generar con otros diferentes.” Berenstein I. (2006:2)
Nótese en esta nueva definición el giro conceptual que implica hablar de dos otros y de situación en lugar de dos yoes y de conector. Pensar el Vínculo desde la noción de yo y de conector implica continuar una mirada desde un posicionamiento en el plano intrapsíquico, concibiendo al otro desde objetalidad, es decir como objeto percibido desde el yo.
Al respecto del nuevo giro conceptual Berenstein (2007) advierte lo siguiente: “No es fácil pasar a otra concepción donde lo actual y lo pasado son pensados como una cinta de Moebius temporal y según la cual el vínculo entre dos es un punto de partida del proceso de subjetivación propio de la pertenencia a ese vínculo, que a su vez liga lo pasado, que parece estar tópicamente en un adentro (la memoria), con lo actual (los sucesos) que está en un afuera. Podemos decirlo en términos de una doble inclusión: de un adentro que contiene a ese afuera y un afuera que contiene a un adentro, o un pasado que contiene a un presente que, a su vez, contiene a ese pasado.” Berenstein (2007:107)
En otras palabras, el vínculo desde esta perspectiva resulta ser más un verbo que un sustantivo, es una instancia, un hacer entre otros, que da cuenta de una acción más que de un producto, y que tiene un efecto transformador en el sujeto. Berenstein, tomando una idea de Baumann Z., postularía que el cambio subjetivo es subsidiario del hacer con otro. Sin embargo hay autores que no acuerdan del todo con esta concepción.
“Esta idea de vínculo como un producto resulta de un trabajo de producción… que en tanto verbo habla de acciones que se consumen y se consuman en su propio accionar,… o queda incluido en ese producto. Ocurre algo similar a la subjetividad que se representa como estable y formada y deja en la penumbra que se trata de una producción efímera en un trabajo casi constante entre subjetivación y desubjetivación. Es difícil la idea de que lo que solemos llamar “vínculo” es un momento en una tarea permanente, un trabajo donde se reúnen vincularse y desvincularse… Conviene preguntarse si “vínculo” es un área, una porción de un espacio con cierto límite, algo así como un lugar adonde se entra o de donde se sale. Una fuente de ansiedad y de dolor en las parejas que se separan se expresa alrededor de la idea de que se debe salir de un lugar representado por la casa….Es posible que el punto de angustia sea desencadenado por la toma de contacto de que no hay ningún adentro de donde irse ni un afuera adonde dirigirse. El vínculo es ese lugar donde adentro y afuera se superponen y marca una zona imprecisa… la separación desnuda y muestra que el vínculo es tal en tanto se vaya haciendo. Para este trabajo no hay feriados ni fines de semana ni vacaciones, es una constante…” Berenstein, I. (2005:7-8) Nótese en estas palabras la cualidad dinámica y efímera desde la cual es entendida la producción vincular, a la vez que su efecto es percatado como dotado de estabilidad.
Se entiende desde esta posición teórica que el hacer con otro desde el vínculo produce subjetividad en un presente, es evanescente porque se dio y se cumplió en el mismo hacer, no tiene antecedentes ni tampoco su registro se guarda bajo la forma de recuerdo. Persiste la incertidumbre por lo que advendrá que no cesa con la representación de lo vivido. “se trata de presentaciones, novedades que se dan a partir de ese “entre nosotros” en tanto presencias y después dejan de darse y solo surgen en la experiencia vincular y no fuera de ella”. (Berenstein, 2007: 23)
Esta nueva conceptualización de vínculo genera la apertura hacia términos novedosos acerca a los cuales se hará referencia en el presente trabajo: Diferencia, Presencia, Imposición, Interferencia, Ajenidad, “Interpenetración de mundos psíquicos”y Mudanza Subjetiva (Krakov, H. 2006) (Spivacow, M. 2005)
Ajenidad y Presentación
El concepto Ajenidad remite al otro en su condición de Presentación: “El otro es ese que se presenta, me sorprende y al cual intento representar, me esfuerzo por hacerlo coincidir con un registro previo” Sin embargo la presencia del otro contiene algo que por novedoso no entre en el registro previo. Es una diferencia entre lo que se reproduce del otro y lo que se produce ahora, que al hacerle un lugar me modifica y modifica al otro. Berenstein (2007:79)
“Lo ajeno es aquello que la diferencia no modifica y lo que no es pasible de identificación… está destinado a permanecer ajeno y… me modifica porque me obliga. El otro se me impone. Con el otro, que es otro de mí, pero de quien recibo noticia de que soy otro para él, definitivamente somos ajenos, y es con ello y a partir de ello que deberemos producir un encuentro, diferente de la identificación y también de la identificación proyectiva.” Berenstein (2007:80) Son dos otros que inauguran un DOS aunque defensivamente se consideren como Uno y Uno: las producciones psíquicas que este Dos genera son distintas de las del Uno y una de ellas es el Efecto de Presencia: encontrarse un sujeto delante de otro. Se está aquí en otro tiempo espacio del de la ausencia, donde el objeto ausente del mundo interno buscará encontrar un sujeto presente en quien identificarlo.
Cabe aquí hacer una distinción. Desde esta perspectiva, Berenstein, I. utiliza las categorías presencia-ausencia en línea con presentación-representación. Supone que cuando el otro no esta presente, la ausencia implica la actividad del objeto interno. Mientras que en presencia, el otro se impone al sujeto. En esa imposición, y por efecto de presencia, se genera un DOS. Existen otras perspectivas teóricas que no acuerdan con este punto.
Krakov, H. (2007) parte de la idea de que hay inscripción psíquica en el sujeto del otro, pero en su condición de otro, diferenciable de la inscripción de objeto interno. Por tal razón en ausencia del otro, no necesariamente toma el centro de la actividad psíquica el objeto. Desde esta perspectiva, este sería el caso un proceso de desubjetivación del sujeto o del otro. La “memoria vincular”, concepto construido por el autor, daría cuenta de la actividad de la inscripción de los otros significativos en el mundo vincular de los sujetos.
“La presencia del ausente… le cabe al objeto en el mundo interno cuya falta revoca una presentación pasada y ausente. Cuando el objeto es proyectado en el otro, éste se convierte en objeto externo… que es conceptualmente diferente de otro… el otro excede lo proyectado en él y es esa excedencia lo que se da a conocer como presencia que informa de su ajenidad.” (Berenstein, 2007:81)
Otro – Objeto interno
Se resalta aquí la diferencia esencial entre esta noción de otro, con quien se produce un encuentro vincular generado a partir de lo ajeno, o insemantizable del otro, productor de lo nuevo e inesperado y la noción de objeto interno. Este último es concebido a partir de un estado emocional del self, en el espacio intrasubjetivo, mientras que el concepto de Ajenidad es pensado como un efecto en el entre los sujetos, que habilita un trabajo vincular.
Se tratan de dos geografías conceptuales: el ámbito de los objetos y del mundo interno y el espacio generado en el encuentro entre dos otros. Sobre esta distinción se volverá más adelante con el modelo de imbricación de los niveles teóricos por telescopaje postulado por Krakov, H (2007).
En esta instancia, las recientes teorizaciones introducen en el concepto de vínculo dos ejes de diferenciación: Mundo interno – Mundo Externo; Objeto interno – otro. “El “objeto interno”, habitante del mundo interno, consecuente con las alternativas que le ocurren al yo y atravesado por fenómenos proyectivos-introyectivos es heterólogo al “otro”. El otro es un sujeto (no un objeto) que tiene características irreductibles al del sujeto en cuestión. A tal carácter irreductible Berenstein lo denomina ajenidad, concepto que remite al carácter opaco del otro para el sujeto, e insemantizable en su totalidad. Propone así, como alternativa a la relación de objeto, la noción de vínculo de sujeto.” Berenstein, I. (2006:2)7 Desde esta perspectiva, la teorización vincular permite que lo determinante de un sujeto no son sólo las experiencias histórico – infantiles, sino que nuestro psiquismo está abierto a la transformación imprevisible que acontece frente a la presencia de otros en vínculos significativos actuales con el sujeto.
Siguiendo el pensamiento del mismo autor, se plantea que admitir a ese extranjero en tanto ajeno implica pertenecer al vínculo y estar dispuesto a modificar la identidad, lo que obliga a dos alternativas de acción: hacerlo desaparecer al otro y guardar la bondad del Uno o producir desde la imposición del otro y su ajenidad una actividad conjunta cuyo producto no se hubiera logrado desde el uno. (Berenstein, 2007: 81)
La pareja desde el UNO y desde el DOS
DOS hace referencia en una pareja a la conjunción vincular por la cual ambos sujetos producen la vida de pareja a partir de ser ese conjunto y ningún otro, mientras que UNO está pensado como el afincamiento en lo identitario, implica un origen único. (Berenstein, I. 2006:3)
Al respecto Janine Puget (2006) expresa lo siguiente: “Dos sujetos en presencia” originan un espacio entre dos que genera algo novedoso. Lo que se produce entre ambos tendrá “carácter de imprevisto”. Es un espacio irreductible, generador de subjetividad. De este modo se constituye el DOS. En cambio el UNO está asentado en el sí mismo, que promueve una identidad cada vez más sólida”. Janine Puget (2006:10)
A partir de este punto efectuamos el siguiente interrogante: ¿Qué es lo que dificultaría en algunos sujetos que están sin pareja y quieren estarlo la producción vincular?
Desde este trabajo postulamos que para la misma es necesario contar con una capacidad para registrar y tolerar la ajenidad del otro. “La presencia del otro con su ajenidad” produce una alteración, va a promover en los sujetos trabajo psíquico inherente al vincularse. Escuchar a otro genera defensas, porque implica que en cada sujeto se conmuevan ideas, valores y creencias. Desmentir al otro en tanto tal aparece como un intento de preservar y conservar incólume la propia mismidad.”… “Será necesario, para pertenecer a un vínculo, hacerle lugar a lo nuevo que el otro aporta en el “encuentro”. Pero en tanto el otro no es un complemento ni un semejante de la propia mismidad algo tendrá que hacer el sujeto con la omnipotencia y autosuficiencia herida.” Janine Puget (2006:10)
No se puede pensar en Dos si desde el sujeto no hay espacio de inclusión del otro. Tomando como metáfora la teoría de los conjuntos, se podría decir que si un elemento en un momento dado se concibe unitario no acepta la inclusión de otro, ambos resultan en ser mutuamente excluyentes. Frente a esto una alternativa posible podría ser que el otro se imponga con su presencia y en este acto penetre la impermeabilidad del Uno, habilitando el Dos, en un movimiento que a la vez también sería recíproco, empujando así desde afuera hacia adentro y desde adentro a hacia afuera.
A de finalizar este punto del marco teórico, se concluye que el psiquismo humano sostiene una tensión continua entre mismidad y transformación similar a la del cuerpo: cambia continuamente pero al mismo tiempo no dejamos de ser quienes somos. La esperanza de esta transformación sólo es posible sostenerla a través del proceso de vinculación con otros, al igual que la ansiedad frente a la incertidumbre del cambio.
Se podría pensar que enamorarse, al igual que vínculo, sería un estado que toma al sujeto por sorpresa, pero que a su vez éste debiera estar dispuesto a que se produzca. A continuación se desarrollan algunos conceptos que ayudarían a pensar sobre esta disponibilidad.
Hacia una conceptualización del psiquismo humano que incluya la vincularidad
El Dr. Héctor Krakov (2007) desarrolla un modelo de psiquismo que se tomará en el presente estudio. La particularidad del mismo reside en su apertura hacia a los inciertos cambios que tienen lugar en la medida que vivimos vinculados a otros sujetos humanos que nos transforman; aportando de esta manera herramientas teóricas para comprender las dificultades de algunas personas para vincularse.
El autor toma en cuenta los desarrollos teóricos sobre el psiquismo de los siguientes autores: S. Freud; M. Klein; D. Meltzer y Winsdom; y presenta cada modelo en esquemas gráficos. Posteriormente realiza una imbricación de los mismos en un modelo de telescopaje, integrando al modelo propuesto la teorización vincular y la triple espacialidad psíquica: el espacio intrasubjetivo, intersubjetivo y transubjetivo.
“A través de un modelo de telescopaje, se propone comprender cómo estarían imbricados, unos en otros, distintos niveles teóricos que pertenecen al marco conceptual objetal. Es justamente en este punto en el que la teorización vincular haría su aparición, generando un borde en el que se pone en tensión la diferencia entre objetalidad y otredad.” (Krakov, H. 2007: O. C.)
En primera instancia, Krakov, H. (2007: O.C.) toma dos dimensiones teóricas: la Teoría de la representación Freudiana y la Teoría de la Objetalidad Kleiniana.
Según lo expuesto, la primera estaría compuesta por las representaciones vícero-corporales (RVC), las narcisísticas de objeto (RNO) y las representaciones de objeto externo (ROE) en una mutua interacción entre ellas.
Esta dimensión quedaría contenida en la siguiente: la dimensión objetal kleiniana. “La imbricación sería de tal manera que el objeto interno, correspondiente a la posición esquizoparanoide (PEP) contendría a las RVC y las RNO. Mientras que en el de la posición depresiva (PD), estarían ubicadas las RNO y las ROE.” Krakov, H. (2007: O. C.) Se destaca además la mutua interacción entre los objetos de ambas posiciones.
“Esta diferenciación tiende a dar cuenta que las características del objeto interno de la PEP son solidarias con los avatares corporales y narcisistas, mientras que las de la PD, si bien incluye el narcisismo, toman en consideración, con mayor preponderancia, las características del objeto externo.” Krakov, H. (2007: O. C.) Siguiendo esta perspectiva, tanto en la teorización freudiana como kleiniana la inscripción subjetiva se realizaría desde el Yo hacia los objetos externos.
En la tercera dimensión el autor incluye la triple espacialidad psíquica: lo intrasubjetivo, lo intersubjetivo y lo transubjetivo. Es aquí donde se encontraría el modelo teórico de la otredad vincular.
El espacio intrasubjetivo estaría constituido por el mundo interno y los objetos que allí habitan, tanto los de la PEP como PD.
El espacio intersubjetivo “estaría conformado por redes que cada sujeto haya podido conformar con los otros significativos con quienes estuvo vinculado” Krakov, H. (2007: O. C.)
Este autor postula que la imposición generada por presencia discursiva del otro en su condición real produciría dos tipos de inscripciones:
- una correspondiente al otro externo: Que supone la captación de características “realísticas” del otro y el registro de aquello que no podrá inscribirse de él. (lo ajeno)
- La segunda correspondería al otro interiorizado que incluiría un grado de distorsión sobre el otro acorde con las características que el sujeto le atribuya. Esta inscripción del otro transita en dos polos que van desde la idealización de sus virtudes hasta la denigración sus características. Krakov, H. (2007: O. C.)
Desde la postura del autor, no abría trascripción posible entre la inscripción intrasubjetiva e intersubjetiva, ya que ambas son heterogéneas. Por ejemplo, en el trabajo en la clínica se suele encontrar sujetos donde los clivajes de ambas inscripciones no están discriminados y al utilizar en forma masiva la Identificación Proyectiva, se ve alterada la relación con el otro al tratarlo como objeto.
El espacio transubjetivo incluiría las inscripciones que “cada cultura instituye en los miembros que la componen, a los que atraviesa” (Krakov, H. 2007: O.C.) existiendo un interjuego entre el espacio intersubjetivo y transubjetivo.
La particularidad de este modelo psíquico reside en que nos ayudará a comprender conceptos como: interpenetración subjetiva, blindaje y resistencias de vincularidad, también desarrollados por el autor.
Registros Psíquicos del otro
Respecto de la inscripción del otro en el mundo vincular del sujeto, Krakov, H. (2007: O. C.) plantea lo siguiente: “Todo sujeto está ubicado en una determinada posición en el mundo. Como es imposible ser un usuario simultáneo de todos los puntos de vista, ubicarse en determinada posición supone haber optado por algunos de éstos o por determinados vértices, habiendo desechados otros. De allí que la imagen sugiera cierta estaticidad… otro sector de sí estará también vigente y activo, será con ambos sectores con los que un sujeto va a estar en intercambio de sentido con los otros.”
En este punto se plantea un posicionamiento subjetivo frente al otro donde se ponen en juego dos tensiones: mismidad y transformación.
El otro se presentará al sujeto en su dimensión real y será inscripto en el espacio intersubjetivo como otro externo.
Este otro tendrá para el sujeto dos sectores:
- uno que será pasible de ser conocido por identificación y resultará en lo máximo representable del otro;
- el segundo será un sector opaco, “roca viva incognoscible”, que resultará en ser lo real o ajeno del otro.
“La noción de otro excede a la de objeto. El otro está ahí, sin que el sujeto lo haya creado; más bien tendrá que vérselas con él aunque no quiera. Habrán dos registros psíquicos del otro: el otro pensado y el otro real. El primero es el que cada sujeto se representa del otro; lo máximo que podemos captar de ese otro. En cambio el real corresponde a esa presencia fáctica, nunca discernible totalmente, que incluye como característica su condición de ajeno. La desilusión es consecuencia del contacto del sujeto con el otro real, que nunca se superpone punto a punto con el pensado ni… De allí la idea de imposición.” Krakov, H. (2005:31)
La incidencia discursiva de ese otro en el mundo representacional significativo del sujeto, traerá como consecuencia un intercambio efectivo, es decir con “efecto”. Krakov, H. (2007: O. C.)
Siguiendo el desarrollo teórico del autor, se postula que este efecto del otro en el mundo sujetivo tendrá dos niveles de inscripción en el espacio intersubjetivo expuesto anteriormente:
- La inscripción subjetiva del otro externo: con lo máximo representable del otro y con lo ajeno.
- Una inscripción menos realista: el otro interiorizado. En este punto la posición sujeto del que inscribe será consecuencia de los vínculos con los otros significativos, porque serán los otros del vínculo los que instituirán su posicionamiento.
Aquí quedaría conceptualizado para el autor otra lógica de inscripción: la proveniente del ámbito de los otros. Esta lógica es diferente a la del mundo interno (intrasubjetivo) que se direcciona desde el yo hacia los objetos; desde este punto de vista la inscripción del otro conformaría el Mundo Vincular del sujeto en el espacio intersubjetivo. Krakov, H. (2007: O. C.)
Antes de finalizar este punto, el autor postula que la vivencia de mismidad proviene del contacto inconsciente del sujeto con el ámbito de sus objetos internos y con los otros significativos de su mundo vincular (el otro interiorizado y su posición de sujeto).
Es esta vivencia de mismidad la que según este autor se verá conmovida al incluir al otro en el mundo subjetivo propio.
Interpenetración de Mundos Psíquicos
Al constituir un vínculo de pareja se produce una interpenetración de mundos psíquicos: ambos sujetos generan un mundo vincular propio de ese nuevo contexto de significación diferente del que portaba cada uno anteriormente. “Será como consecuencia de cada intercambio efectivo que sujeto y otro se construirán recíprocamente, por y para ese vínculo en particular.” Krakov, H. (2007: O. C.)
Según el autor, es este intercambio efectivo el que genera un producto emergente que es el vínculo. “El vínculo no estaba antes ni es subsidiario de las historias identificatorias. Se trata de una instancia tercera que tiene el carácter de “paraguas simbolizante”. Es esta instancia tercera que le va a otorgar a los miembros de la pareja condición de Sujetos del vínculo. El carácter polisémico de la palabra sujeto supone en este caso, tanto una nueva subjetividad como la sujeción al otro.” Krakov, H. (2007:O.C.)
Para este autor, Vínculo es un “Producto emergente… consecuencia del intercambio que genera a los sujetos de ese vínculo en particular, a los que instituye. Vincularse supone, desde la perspectiva metapsicológica, interpenetración de mundos psíquicos. El vínculo, que implicará alojar mutuamente al otro con su mundo en el mundo propio, se constituye en un nuevo ámbito de producción de sentido. Deviene un contexto de significación diferente del que cada uno de los miembros portaba, y que fuera construido en su momento en las respectivas familias de origen.” Krakov, H. (2006:7) Se trata de una penetración mutua y recíproca con significación psíquica para ambos. Desde esta perspectiva, el vínculo sería un producto que se produce, a la vez que hace a los miembros de la pareja sujetos de ese vinculo (les da pertenencia y los sujeta al otro).
El Vínculo como un hacer o el Vínculo como producto emergente
Se hace notar al lector una diferencia conceptual entre el concepto de vínculo que aquí se expone y la definición planteada anteriormente desde el pensamiento de Berenstein, I. (2007) Éste último autor sostiene que el Vínculo remite a un hacer con otro y el cambio psíquico es subsidiario de ese trabajo conjunto.
Krakov, H. difiere de esta perspectiva y plantea que hay cambio psíquico cuando se produce interpenetración de mundos siendo el vínculo un “producto emergente” de este trabajo; este es un punto de diferencia del simple hacer con otro ya que se puede hacer con otro sin que la mismidad se conmueva y sin modificación psíquica. Como se presenta en las palabras siguientes, cada nuevo vínculo exige al otro un trabajo de apertura y mudanza en su posicionamiento sujetivo (de su posicionamiento identitario perteneciente a tal o cual vínculo).
“El posicionamiento subjetivo es, a la vez, consecuencia y efecto de las redes vinculares que haya podido establecer con otros significativos en el curso de su vida. Se trata de una historia subjetiva que corresponde a distintos momentos vitales en la que cada sujeto… está “posicionado” como consecuencia de haber sido instituido por los otros en ese lugar. Entiendo que, de ese modo, se construye, en cada uno, la categoría sujeto. Cada vínculo exigirá a sus miembros un cambio posicional, en tanto implica el pasaje de una posición previa a otra… con carácter impredecible. Este pasaje, vivido como una mudanza subjetiva, es inherente al establecimiento de todo nuevo vínculo. Será efecto de esta conmoción la emergencia de resistencias propias de la vincularidad.” Krakov, H. (2007:O.C.)
Esta diferencia conceptual plantea una aparente contradicción: ¿El cambio psíquico es subsidiario del hacer con otro (Berenstein, I.) o hay cambio cuando se produce interpenetración de mundos psíquicos?
Desde el presente trabajo se entiende que ambas posiciones son parte de un mismo movimiento, como la cinta de Moebius. La producción vincular es posible sólo desde un hacer con otro y cuando existe apertura a la interpenetración psíquica, es decir cuando hay tolerancia y disposición a hacerle un lugar en la propia subjetividad al otro, con la ajenidad y novedad que ello implica.
La conformación de un Dos es consecuencia de un cambio subjetivo, desde el cual se hace un espacio de inclusión mutua del otro en la propia subjetividad; al mismo tiempo, la novedad producida entre ambos, tendrá un carácter generador y transformador de las subjetividades incluidas.
Diferencias entre estar juntos, estar relacionados y estar vinculados
Desde esta perspectiva se entiende que el hacer con el otro sin que la propia subjetividad se conmueva involucra una operación diferente al estar vinculado; quizás podría pensarse como un estar en relación desde el registro subjetivo del otro pensado. Cabe aquí citar los desarrollos teóricos que realiza Berenstein, I. (2005) a propósito de la distinción de vínculo con estar juntos o relacionados.
Estar juntos, estar relacionados y estar vinculados son tres estares distintos. En el primero el vínculo no tiene vigencia ni significado, se puede postular un vacío vincular, una agregación de sujetos, lo cual se caracteriza por una fragilidad que puede pasar desapercibida durante un tiempo corto o largo… En la segunda modalidad, estar relacionados, hay vigencia sin significado, uno está a merced del otro, se le adjudica y asume poder de vida y muerte y en el tercero el vínculo tiene vigencia y significado, lo cual lleva a que los sujetos sean otros de los que eran antes de estar vinculados… Hay acciones de cada sujeto y acciones por estar vinculado. Si el vínculo no es “dado” como un dato natural podemos establecer que dispone de una violencia, ya que impone una modificación en los que la establecen, una modificación de su yo que resulta inexorable por y para pertenecer al vínculo y para establecerse en él.” Berenstein, Isidoro. (2005:13)
Se distingue así diferentes modos de estar con otros (Berenstein) que a su vez se acompañarían de diferentes niveles de apertura hacia la penetración del otro y la conmoción que ello produzca en la mismidad (Krakov). Se plantea así un campo de fuerzas en el encuentro de dos sujetos: por un lado la imposición, ajenidad y novedad que desde el otro conmovería la mismidad de cada sujeto (Berenstein); y por el otro la disposición de cada sujeto a ser conmovido por el otro, a introducirlo en su mundo subjetivo, a disponerse a hacerle un lugar. (Interpenetración de mundos psíquicos – Krakov).
En este encuentro de dos sujetos ambas fuerzan convivirían dinámicamente, y lo producido serán estados de cualidades diferentes: estar juntos, relacionados o vinculados; guardando la condición de este último para dar cuenta de que, significación mediante (Berenstein), hubo interpenetración subjetiva. (Krakov)
“Ciertamente "encontrar" a otro sostiene una ilusión pero lo que sigue es si pueden trabajar, tratando de producir a su vez el pasaje de estar juntos a estar relacionados y mucho mas a estar vinculados. En esto último cada sujeto ya es otro respecto del que era cuando estaban juntos.” (Berenstein, I. Respuesta a un e-mail de consulta personal enviado el 12 de Septiembre del 2005)
Se continúa la cita de Berenstein ya que ampliaría su posición respecto al concepto de vínculo.
“Vínculo me es cada vez una noción más y más enigmática y también lo es para nuestros pacientes aunque esté cubierta de certezas que, todo lo más, tratan de fijar un área sólida en un movimiento permanente. Solemos adjudicarle una estructura y una forma que a su vez esta sujeta a estructuración y desestructuración. Es un modo de ordenar una relación o la vida de dos o más sujetos que se proponen unirse sin querer saber de su imposibilidad. Vínculo es también usado como una marca y un estandarte, como un escudo o una bandera que representa un estado o un país que otorga pertenencia pero de donde se es a la vez ciudadano y extranjero, al cual se pertenece y del cual a la vez habrá que tratar de lograr una pertenencia, que acepta y también prohíbe algunas producciones, donde no todo se puede o sea no hay una libertad de estar instalado sin un compromiso hacia el otro que necesariamente opera como restricción y hay una restricción en la relación con el otro que a su vez amplia la subjetividad individual al hacerlo sujeto de ese vínculo…
Los sujetos por obra de su vincularidad se instituyen como sujetos otros. Pero está abierta la posibilidad de que el vínculo pueda perder su condición instituyente y pasar a convertirse sin quererlo ni saberlo en vacío de relación que perpetúa al sujeto en su forma de ser y sin lograr hacer, lo cual es decir: no devenir sujeto del vínculo, o mejor diría sujeto de la situación vincular. El vínculo sigue vigente pero no significa otra cosa que mantener la vigencia de esa relación que ya no significa movimiento o trabajo instituyente… En la relación con el otro nunca sabríamos donde estamos, al buscarlo encontramos que el otro está en otro lugar y no donde lo dejamos la vez anterior y el sujeto tampoco está en el lugar previo. La incertidumbre de esta situación es el motivo de la pesada construcción dadora de certidumbre… La ausencia o carencia de significancia no hace desaparecer el vínculo… entonces los sujetos relacionados lo viven como espacio vacío que puede no parecerlo si se llena de actividad, diversión, sexualidad, hijos, logros, adquisiciones materiales o intelectuales pero desde ahí ya individuales.
Vigencia es aquella cualidad o condición por la cual se da el vínculo como existente en su sentido general de unión y reunión. Significancia o significado es el conjunto de los valores que le dan sentido específico y singular a ese vínculo que lo hacen distinto de cualquier otro… Si la vigencia de la relación se caracteriza como estar unidos, ello solo no asegura esa significancia resultante de una operación que transforma estar unidos en estar vinculados. Una fuente de padecimiento es esta diferencia y la imposibilidad de cumplir con esa operación…. Antes caracterizamos la operación de vínculo como producción de Dos que no resulta de Uno y Uno y estar unidos o re-unidos es precisamente eso: uno y uno…
Los esfuerzos manifiestos, concientes o declarados de los sujetos por vincularse hablan de su fracaso porque es una operación que se da sin buscarlo y casi sin desearlo. Sería por añadidura como se dice del concepto de mejoría en psicoanálisis.
La relación entre los sujetos propone ese difícil tránsito reversible entre la relación con los objetos internos y la relación con el o los otros. Difícil estar con el otro si no se está consigo mismo y difícil la vida interior si no se está con otros. Aunque cada sujeto puede estar motivado por el deseo a realizarse con un otro, nada le asegura que se de la acción de vincularse… La acción de vincularse es silenciosa e invisible, surge por añadidura, es de corta duración y los sujetos debieran estar dispuesto a que se de sin la certidumbre de cuando, donde y como se producirá. El intento de recordarlo para reproducirlo va al fracaso porque confunde los hechos, la representación es de lo que fue… es un impedimento para conocer la presencia del otro cuando se da. Decir que tiene carácter efímero significa que se da como imprevisto y preverlo destruye en parte su capacidad de encuentro al que se confunde con la repetición de su recuerdo.
Quizá para que esta experiencia se dé haya que desear vincularse y aceptar que no se cumple en totalidad, donde el registro de sus efectos otorga la vivencia de estar con otro. La posesividad se relaciona con querer retener el vínculo bajo la forma de control y dominio del otro y a su vez destruye la capacidad de vincularse… Berenstein, Isidoro. (2005: 8-13)
El Blindaje de la Mismidad frente a la conmoción desde el otro
Krakov, H. (2005), en colaboración con al Lic. Lekerman R., llevaron a cabo experiencias grupales en el marco de talleres vinculares para solas y solos. En el libro de su autoría se relata la práctica y se destacan a dos ejes de análisis en torno a los cuales giró la dinámica grupal: nuevos – viejos, y vínculos – tzures .
Así, lo nuevo era permanentemente cotejado con lo viejo; y lo vincular, actual o pasado, era sentido como un “tzure” es decir asociado a una vivencia de sufrimiento, vulnerabilidad o problema. “Tzures… por una parte nombra el pesar subjetivo al establecer relaciones nuevas… a su vez la alusión a lo viejo incluía la idea de que la posición subjetiva, vigente en aquellas experiencias frustradas, se había mantenido intacta y aparecía como obstáculo también en la actualidad.” Krakov, H. (2005: 28)
En un taller donde se analizó el eje temático “Dinero, poder y sexo. ¿Cómo influyen en el primer contacto?” surgen diálogos entre los integrantes donde se deja entrever la necesidad de sostener frente al otro un lugar de poder en defensa del “propio territorio”, lugar de fortaleza que obtendría por finalidad ocultar frente al otro la propia vulnerabilidad. Siguiendo esta línea se analiza el material que va surgiendo, encontrando una insistencia que aparece como dificultad en los participantes respecto de los primeros contactos en lo que podrían ser relaciones de pareja: el punto límite de “hasta donde te dejo ingresar en mi mundo”. Krakov, H. (2005: 95)
Este material da cuenta de una dificultad por parte de estas personas en disponerse inicialmente a que el otro ingrese en su mundo personal, más aún si en el pasado existieron experiencias dolorosas. Esta dificultad aparecía acompañada de actitudes autosuficientes que respondería más a un modo defensivo de evitar cierto “nivel” de contacto frente al otro.
Al respecto comenta el Dr. Krakov, H. (2005:104) “para que algo se produzca… se propone estar en una posición abierta para el contacto. A mi criterio, en la actualidad, las personas tratan… inconsciente… de mantenerse en un mundo relativamente blindado.”
Comenta una participante: “Me quedé pensando en estar abiertos y en que tiene que ser una apertura de ambos. Abrirse a una relación y encontrar al otro en las mismas condiciones, porque si no es así te das contra una pared… Lo que me resulta difícil de tolerar hoy es que al abrirme, encuentro que el otro está cerrado. O, como veo gente que conozco: piden o suplican que una se abra y cuando lo logran, se asustan y salen disparados.” Dr. Krakov, H. (2005:105)
La interpenetración de mundos psíquicos es un “proceso por el que los miembros de una pareja comienzan a sentirse parte del mundo significativo del otro.” (2005:123) Para el autor, las consecuencias de la interpenetración subjetiva con el otro exponen a la vulnerabilidad. “La vulnerabilidad quiere decir que tenemos un sector abierto a la posible penetración del otro…” Krakov, H. (2005: 131) “Lo que nos queda por hacer es ponernos en posición de… Nadie puede decir “hoy me voy a enamorar”… pero sí estar disponible para… Hay que exponerse a la tolerancia al dolor. “ Krakov, H. (2005:133)
Una forma de estar protegido de la propia vulnerabilidad, es permanecer blindado frente a la emergencia del otro, evitando así el mínimo riesgo de que uno mismo “vuelva” a ser dañado. Krakov, H. (2005:104)
Una de las participantes de los talleres hace referencia a esta idea al hablar sobre ciertas experiencias que dejan la piel escaldada utilizando el término traje anti-llama. “Tengo puesto un traje anti-llama, para protegerme. No quiero que me vuelva a pasar algo parecido a mis experiencias anteriores. Ya me quemé.” Krakov, H. (2005:163)
Al respecto comenta el autor y coordinador del grupo: “El nombre original es traje “antiflama”. Es en ese sentido una producción inconsciente, porque incluye una sutil transformación… Al antiflama se le abrochó otra línea de sentido que tenía que ver con “llamado”… Supongamos que alguien tuvo una mala experiencia matrimonial de la que salió escaldado. Y como reacción, para no sufrir, se puso un traje anti-llama… quien lo use no sólo estará protegido del roce doloroso con otros sino que tampoco sufrirá las consecuencias del propio “calor”. Si además el “anti – llama” opera sobre llamar y ser llamado ¿Cómo conseguirá establecer un nuevo vínculo la persona que vive con ese tipo de traje puesto?” Krakov, H. (2005:164)
Desde esta perspectiva, se comprende cómo este “Blindaje” podría llegar a constituir una dificultad para emparejarse. La interpenetración subjetiva con el otro ”tiene que ver con… la sensación de que uno es parte del mundo psicológico del otro… La confirmación de que tenemos un lugar diferenciado y significativo para ese otro… La posibilidad de ser soñado por el otro, nos confirma como protagonista de su sueño.” Krakov, H. (2005:152) “Quizás el enamoramiento muestre de modo paradigmático la interpenetración psíquica, bajo la forma de un investimiento privilegiado, realizado mutuamente y en simultaneidad. Interpenetración supone la inclusión del otro en el mundo significativo propio, consecuencia del intercambio efectivo (quiere decir “con efecto”) realizado por los miembros de una pareja. No se produce en forma voluntaria o consciente. Es algo que puede ocurrir o no. Los sujetos tendrán que disponerse a que suceda, permeabilizando la mismidad a la penetración del otro”. Krakov, H. (2006:6)
Atendiendo a los desarrollos teóricos expuestos, se entiende que en los “singles” el blindaje operaría como una resistencia a la interpenetración psíquica entre el otro externo y el otro interiorizado, impidiendo así que la incidencia del otro penetre en el sentimiento de mismidad, ámbito de las relaciones con los otros significativos.
Es como si estos sujetos, a partir de experiencias dolorosas con otros significativos de su mundo vincular como por ejemplo pérdidas o traiciones, hubieran desarrollado sobre la “superficie del sí mismo” un taje anti-llama” que los protegería de ser conmovidos por los otros en el mundo de las relaciones presentes y al mismo apagaría el propio llamado afectivo.
Serían personas que sin saberlo pueden estar blindados, y por lo tanto afincados en el UNO, anclados en un determinado posicionamiento subjetivo que no estarían dispuestos a abandonar por la mudanza subjetiva que implica. (Krakov, H. 2007:O.C.)
Resistencias de vincularidad
La noción de triple especialidad psíquica, nos ofrece una enorme riqueza para comprender la subjetividad humana. Originalmente estos conceptos fueron publicados por Berenstein, I. y Puget, J. (1998) en “Psicoanálisis de una pareja matrimonial”.
Krakov, H. (2001) los retoma a fin de analizar los mundos en los que vivimos. En su base “postula un sistema de triple inscripción y registro simultáneo de un mismo suceso o fenómeno. Se inscribirían así simultáneamente un objeto interno, un vínculo y un lugar…” “La oposición Mundo interno/Mundo externo que nos legara Freud y se enriqueciera luego con el concepto de identificación proyectiva propuesto por la escuela inglesa, se vio amplificado enormemente con los espacios psíquicos. Desde esta perspectiva viviríamos simultáneamente en diferentes mundos psíquicos, con leyes de funcionamiento y características propias, en calidad de habitantes del mundo intrasubjetivo, intersubjetivo y del transubjetivo.” (Krakov, H. 2001:18).
Desde esta perspectiva se entiende que la teorización vincular permite pensar que lo determinante de un sujeto no se remonta sólo a las experiencias históricas-infantiles, sino que tiene lugar la inclusión del sujeto en sus vínculos significativos actuales, “en tanto instituyentes de subjetividad… Al inaugurarse así lo intra, lo inter y lo transubjetivo no habría ya un solo referente de subjetivación, hasta ahora marcado por el Sujeto de deseo; sería posible conceptualizar también un Sujeto de los vínculos y un Sujeto de la cultura.” (Krakov, H. 2001:25).
Para este último autor, vincularse supone interpenetración de mundos psíquicos, es decir alojar al otro con su mundo en el propio.
El intercambio mutuo entre sujeto-otro del vínculo producirá efectos, los que a su vez darán cuenta de distintos posicionamientos en las diferentes configuraciones vinculares, que a su vez movilizarán la propia mismidad. Toda pareja deberá construir desde su propia producción vincular un contexto de significación diferente del que cada uno de los miembros portaba, lo que a su vez los instituirá como Sujetos de ese vínculo en particular. “El vínculo con… los otros significativos, pasa a ser… instituyente de sentido y subjetivación, particularidad que hasta este momento sólo parecía provenir del mundo interno.” Krakov, H. (2001:26)
Este trabajo desde la producción vincular y esta permeabilidad frente a la inclusión del otro en el mundo vincular propio (interpenetración de mundos psíquicos), permite sentirse “mutuamente reconocido por el otro y designado como perteneciente a ese vínculo” Krakov, H. (2001:31) otorgando con ello una marca de pertenencia y reconocimiento de ese vínculo particular con ese otro en particular; marca que a su vez se asienta en la propia mismidad.
Siguiendo el pensamiento del autor planteado, se entiende que cuando ambas marcas son débiles o tienden a desaparecer se genera en el sujeto ansiedad de inexistencia; mientras que su reafirmación promueve la estabilización narcisista y tiende a la complejidad vincular. Krakov, H. (2001:31)
Desde esta perspectiva se postula que la interpenetración de mundos psíquicos daría lugar a “angustias de vincularidad”; y se describirían como efecto del atravesamiento o penetración que el vínculo genera. “No es angustia a vincularse sino por estar vinculado”. Krakov, H. (2001:31)
Según Krakov, H. (2001) la Angustia de Vincularidad, en tanto efecto de estructura, sería un indicador emocional observable, que incluso pudiera ser registrado por el propio sujeto, desde el cual sería posible inferir dos tipos de Ansiedades de base:
- engolfamiento: donde se temería perder la autonomía y supuesta individualidad para siempre, en función de que cada sujeto se vive siendo parte del mundo representacional del otro y, viceversa, se comenzaría a alojar representacionalmente al otro en el mundo significativo propio. “tengo la impresión de que si sigo así voy a quedar atrapado por la otra persona” “pienso en él todo el día, lo llamo, armo mi día con él. No puedo estar sin escuchar su voz”. Krakov, H. (2005:200)
- inexistencia: lo temido sería inexistir irremisiblemente para el otro, ya que se reconocería como fuera de su mundo representacional y por tanto cuestionada su propia constitución subjetiva desde ese vínculo en particular. “Soy transparente, no me ve, no existo para ella.” Krakov, H. (2005:200)
El trabajo de construcción vincular, ser sujeto del vínculo, moviliza estas ansiedades promoviendo con ello resistencias de vincularidad, que tendrían por finalidad repudiar, desmentir o negar los efectos del atravesamiento vincular en las personas quienes componen el vínculo. Tendrían la misma estructura teórica que en Freud las resistencias de transferencia, no son resistencias a transferir, ya que es una disposición universal, sino que la misma transferencia es considerada una resistencia, en relación con el recordar. Krakov, H. (1998:395)
Todo nuevo vínculo significativo implica, para sus miembros, cuestionar su participación y posicionamiento en sus vínculos anteriores. “Advenir sujeto de un vínculo implica modificación y acomodamiento representacional del mundo vincular al cual cada sujeto pertenecía. Hasta constituirse como sujeto de otro vínculo lo que el sujeto siente es que “el mundo cambia”. Krakov, H. (2001:32)
La expresión clínica de estas resistencias se muestran como actitudes de negación de la eficacia del vínculo en el sujeto o la negación de un trabajo vincular construido desde el DOS: “Mi vida es mi vida, vos no tenés nada que ver”… “el/la que cambió sos vos, la culpa es tuya” ”Ese no era el arreglo… yo me enamoré de otro/a”. Spivacow, M. (2005:90)
Se cita palabras del Dr. Krakov, H. en el taller mencionado anteriormente: “El vínculo les exige a sus integrantes un peaje, que es desalojarse de los lugares que ocupaban con antelación… este desalojo, genera resistencias de vincularidad… siempre estamos en algún lugar en relación con otros… y ése es el posicionamiento que tenemos en los vínculos que ya hemos establecido. “ser otro” implica ocupar otro lugar, lo cual supone “ser otro con relación a otros”. Esta idea hace tensión con otras como: a uno lo quieren cambiar. Por la cual pareciera que tuviéramos de nosotros mismos una versión “esfinge” o “estatua”, no modificable. No somos los mismos en modo permanente ni en todos los lugares…. En una relación que se mantiene en el tiempo algo se produce más allá de quienes la integren. Es a ese producto al que llamo vínculo. En ciencia de la complejidad, “eso que se produce” se denomina producto emergente, que es a su vez generador de un nuevo origen. Del mismo modo digo que el vínculo les otorga a sus miembros una nueva subjetividad: pasan a ser sujetos de ese vínculo en particular… establecer un nuevo vínculo implica tener que pagar un “peaje”: es el precio que se paga, por “ser” en la nueva configuración vincular. Este cambio genera resistencias… es el vínculo mismo que, con efectividad inconsciente, pide rendimiento personal a quienes ocupan el nuevo lugar.” Krakov, H. (2005:38).
La “mudanza subjetiva” que demanda el encuentro con lo novedoso y la construcción vincular moviliza estas ansiedades. “Hablar de mudanza alude a que tenemos que salir de donde estamos y ocupar otro lugar. Ser parte de un nuevo vínculo… podría ser pensado como una migración… Cuando no se produce la interpenetración de mundos psíquicos permanecemos en el plano de las relaciones… se trata de disponernos a “ir a otro lugar”, que recién vamos a conocer cuando lo ocupemos, y que en cierto modo no existe con antelación.” Krakov, H. (2005:31)
Por ejemplo, una persona rompe con su pareja que enviuda y al tiempo comienza una nueva relación. Esta persona comienza a sentir, con esta nueva pareja, sensaciones de engaño respecto de la anterior, o incluso llama a la pareja presente con el nombre de la del pasado. Se entiende que el espacio vincular inscripto en la subjetividad y construido en un pasado con el otro tiene vigencia aunque existan suficientes indicios de que el otro real ya no estará más presente. Subsiste el posicionamiento "sujeto esposa de" aún estando viuda. El otro (una nueva pareja) puede "rescatarla" de ese lugar tironeándola a ser "la nueva mujer de" y a su vez ella tendrá que hacer un trabajo de mudanza subjetiva para salir del lugar siendo ayudada por otro.
Berenstein, I. plantea otro concepto: la resistencia a lo vincular. Hace referencia a la oposición a dar lugar a la presencia que remite a la ajenidad del otro, se rechazaría la nueva inscripción del otro. “Algo de lo que está dentro de sí mismo y del otro queda irremisiblemente como ajenidad, y ésta debe ser aceptada como tal, permitiendo hacer lugar a lo inaccesible… lo imposible de tener lugar”. Berenstein, I. (2004: 41)
Se podría pensar que un sujeto que no tolera la incertidumbre por diversos motivos, desde la ansiedad frente a lo desconocido hasta la necesidad de control omnipotente, es un sujeto con dificultades para tolerar la ajenidad del otro. Esto daría lugar a resistencias a lo vincular.
Desde otra perspectiva, Janine Puget (2006) al referirse al espacio DOS habla de defensas-desmentida, sin embargo en sus palabras se podrían encontrar puntos de coincidencias con las resistencias de vincularidad que plantea Krakov. Se repite nuevamente su cita: “La presencia del otro con su ajenidad” produce una alteración, va a promover en los sujetos trabajo psíquico inherente al vincularse. Escuchar a otro genera defensas, porque implica que en cada sujeto se conmuevan ideas, valores y creencias. Desmentir al otro en tanto tal aparece como un intento de preservar y conservar incólume la propia mismidad.” Janine Puget (2006:10)
La Urdimbre Vincular
La noción de Urdimbre Vincular se la plantea como precursora de la producción vincular. Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (2007) urdimbre son los “hilos” que se disponen en el telar para formar después el tejido y la disposición cautelosa para la consecución de algún designio.
Desde la vincularidad, se utiliza esta palabra para designar la disposición que pudiera llegar a tener un sujeto a ligarse con otros a fin de atravesar, ser atravesado, trabajar y sostener la producción de la “trama vincular”. “Tiene que haber disposición a vincularse… estar dispuesto a hacer las valijas, munidos de cierta tolerancia a lo incierto.” Krakov, H. (2005:43).
La Urdimbre Vincular permitiría tejer el estado de enamoramiento, sin embargo no es lo mismo, ya que el primero hablaría de una disposición, una apertura actitudinal, consciente o no, a tolerar la ajenidad del otro. El segundo en cambio funcionaría como una especie de “poxipol”, “una suerte de plataforma emocional compartida desde la cual se contiene el embate de la desilusión” Krakov, H. (2005:86). El enamoramiento estaría del lado de la reducción del otro a la condición de objeto pulsional, mientras que la Urdimbre Vincular sería lo que daría lugar a que se despliegue el “juego de los enamorados”, haciendo un “como si fueran UNO” pero guardando, aunque sea vivido como resabio, el registro de la ajenidad del otro a fin de propulsar a la producción vincular.
Llegado a este punto del marco teórico, se proponen las siguientes disposiciones psicológicas como precursoras a la producción vincular :
- Desear vincularse con otro sujeto en condición de tal y no de objeto, y estar dispuesto a que el encuentro vincular produzca pero sin la necesidad de controlarlo y aceptando que no se cumple en su totalidad. (Berenstein, I. 2005)
- Disponer de cierta tolerancia a la incertidumbre, a lo novedoso y a la ajenidad del otro, a fin de generar vínculo desde la diferencia. (Resistencia a lo vincular) (Berenstein, I. 2005; Puget, J. 2006)
- Disponer de cierta tolerancia al dolor y a la vulnerabilidad, permeabilizando la propia mismidad a la penetración del otro. (Blindaje) (Krakov, H. 2006)
- Disponer de una sensación de confianza básica en el otro.
- Estar dispuesto a entregar y recibir tiempo y espacio físico-mental al/del encuentro con el otro.
Si bien se entiende que estas disposiciones son precursoras del encuentro vincular, de ninguna manera están planteadas como aseguradoras de su venidero.
Se propone nombrar a estas Disposiciones Psicológicas al Emparejamiento como componentes de una noción que los englobe bajo el nombre de Urdimbre Vincular, siendo ésta una disposición psicológica general a ligarse con otros a fin de hacer juntos la “trama vincular”.
La segunda acepción se la denomina piel vincular escaldada. A diferencia del concepto anterior, curtiembre remite a acción y efecto de curtir y esta última a endurecer o tostar el cutis de la persona que anda a la intemperie mediante el efecto repetido de sufrir adversidades.
Este concepto denota la idea de superficie corporal dotada de cierta impermeabilidad por efecto repetido del roce.
Respecto de la situación vincular se despliega este concepto para dar cuenta de una dificultad para producir vinculo relacionada con cierta impenetrabilidad psíquica frente al otro. En la clínica podría aparecer asociada con sensaciones diversas: sentimientos de desconfianza, intentos de negar la ajenidad buscando la complementariedad o la semejanza, apelar a la ilusión de fusión en Uno, etc. En la producción imaginativa se conjugarían dos adjetivos opuestos que darían cuanta de un intento inconsistente de diferenciar claramente un adentro y un afuera: blandura - dureza; vulnerabilidad – fortaleza, diferenciaciones que estarían mostrando más bien una impermeabilidad psíquica a la inclusión del otro. “la roca es tan impenetrable como el gel”.
Krakov, H. (2005) plantea concepciones muy similares y congruentes a las anteriores en el marco de talleres de singles. “…para que algo se produzca… estar en una posición abierta al contacto. A mi criterio, en la actualidad, las personas tratan de mantenerse en un mundo relativamente blindado. Pero como es inconsciente, después, se quejan de las consecuencias del blindaje.” Krakov, H. (2005:104) ”Lo que me resulta difícil de tolerar hoy es que al abrirme, encuentro que el otro está cerrado. O, como veo en gente que conozco: piden o suplican que una se abra y cuando lo logran, se asustan y salen disparados.” (Palabras de un integrante del taller) (2005:105)
La noción de piel vincular escaldada sería muy similar al concepto de blindaje, en el sentido del efecto: la impermeabilidad hacia el otro.
La diferencia estaría en la inclusión de la vivencia de “piel curtida, lastimada por el roce con el otro” haciendo referencia a la idea del efecto que han dejado experiencias dolorosas con otros y que hubieran quedado inscriptas, no solamente en el espacio intrasubjetivo, sino en el registro del mundo vincular con los otros. Citamos como ejemplo las personas víctimas de violencia física por parte de sus progenitores desde su primera infancia y cómo esto pudiera afectar en la futura pareja.
Se estaría haciendo referencia a aquellas experiencias con otros significativos del mundo vincular que pudieron haber quedado registradas en el nivel de construcción con el otro de la propia vivencia de superficie corporal, concepto trabajado por autores como Winnicott y Rodolfo, R.
La complejidad teórica de la noción de piel vincular escaldada y sus implicancias con otros conceptos tales como el de vivencia de superficie corporal, excedería los objetivos del presente estudio sin embargo se lo propone como una idea incipiente a investigar y desarrollar en futuras investigaciones.
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El Boletín Informativo del Instituto Nacional de Estadísticas de España, publicado en febrero del 2003 y titulado “Los cambios sociales de los últimos 10 años”, concluye que los hogares son cada vez más pequeños a pesar de que la emancipación se retrasa. Las cifras muestran que en los últimos 30 años se ha pasado de una media de casi 4 miembros por hogar a estar por debajo de los 3, y cita entre las causas el claro aumento del número de personas que viven solas y el descenso de la natalidad. En este punto es interesante analizar lo que posteriormente se agrega: “Esa disminución del tamaño medio de los hogares se produce a pesar de que el 73% de las personas con 25 años siguen aún solteras y viviendo con alguien de la generación anterior, normalmente sus padres. Ese porcentaje no baja del 50% hasta los 28 años y en el 35% a los 30 años. Hace sólo 20 años esto era muy distinto: el porcentaje de solteros a los 25 años ha pasado del 40% a más del doble (85%) ahora, y a los 29 años, del 20% al 56% (casi el triple).”
Múltiples determinaciones atraviesan este cambio social. Las transformaciones sociales en la forma de vida vinculadas al avance científico, económico y tecnológico del siglo pasado han impactado en la organización del tiempo y del espacio, la tecnología y el confort permitieron hacer cosas en tiempos avanzados por ejemplo recorrer grandes distancias y la información que circula por el mundo a velocidades instantáneas.
La intención aquí no es hacer una análisis sociológico de estos aspectos que seguramente influirían en mayor o en menor medida en estas tendencias actuales sino advertir y situar en el contexto histórico y social la temática y delimitar la dimensión de análisis central del presente estudio, a saber: los aspectos psicológicos vinculados a una tendencia social en incremento: el vivir en soledad respecto de una pareja. ¿Por qué personas que viven es zonas urbanas manifiestan dificultades para encontrar una pareja?
Incluso las formas de vivir la sexualidad en la actualidad son muy diferentes al siglo XIX. Toda especie se ha sustentado en alguna forma de reproducción y supervivencia.
En el caso de la humanidad, el desarrollo tecnológico del último siglo aceptaría la posibilidad de pensar en transformaciones sin precedentes. La esperanza de vida se ha prolongado y aparentemente la tecnología se ha posicionado delante de la reproducción como sustento de nuestra especie.
Probablemente este cambio demográfico mostraría un cambio social trascendente e innovador.
Cada organización social y cultural contiene en sí el germen de producción de las formas del vivir y del sufrimiento mental. En los comienzos del siglo pasado Sigmund Freud construyó sus concepciones teóricas sobre la psicopatología de las neurosis en torno a las características de represión sexual de la época. Sin embargo en la actualidad parecieran surgir otros dilemas: las vicisitudes que se nos presentan en las formas de vinculación humana o la desvinculación humana, que en casos extremos llega a condiciones de inexistencia y deshumanización que irrumpen con una violencia mortífera.
No es un cambio menor que en solo 20 años se haya incrementado considerablemente el porcentaje de personas que elige un proyecto de vida en soledad respecto del emparejamiento, o que se proclamen socialmente en apogeo, a través de diferentes medios de comunicación masiva, la condición solitaria del hombre: los singles, los impares, las parejas Dinks que deciden no incluir hijos en sus proyectos. Este cambio es trascendente porque nos está mostrando una transformación medular en las formas de vivir la sexualidad y sobre todo las condiciones de reproducción humana.
Si se relaciona lo anterior con el desarrollo tecnológico se puede ver como muchas personas que eligen vivir solas por ejemplo pueden recurrir a formas asistidas de reproducción, como la inseminación artificial, o en un futuro, la clonación. Desde esta perspectiva se entiende que los seres humanos nos encontramos en condiciones de manipular tecnológicamente la reproducción de nuestra especie. Se podrá percibir que aquí no solamente se está hablando de la reproducción, sino fundamentalmente de nuestra capacidad para vincularnos con otros seres humanos.
Se advierte al lector que no se pretende hacer con de este preludio un panorama pesimista frente a lo novedoso, sino por el contrario. La intención es transmitir la trascendencia cualitativa de la transformación humana frente a la que nos encontramos. El cambio actual trasciende lo que es una pareja, para abarcar las condiciones mismas de la sexualidad y la humanización. El advenimiento de lo nuevo convoca a investigar y pensar.
A fin de abordar la temática es menester postular una teoría de la mente humana que incluya lo vincular.
En este sentido el psicoanálisis vincular aporta una lógica diferente, ya que entiende al sujeto como “Sujeto del vínculo”, es decir instituido subjetivamente desde el vínculo con el otro. “Sujeto del vínculo deviene de considerar la constitución subjetiva como efecto de la vincularidad. Es el vínculo el que instituye a los miembros de la pareja como sujetos de ese vínculo en particular. El término “sujeto” da cuenta de la condición de sujetados al vínculo, y al mismo tiempo constituidos subjetivamente por el. Cada sujeto es cincelado y construido juntamente con el otro, por y en el vínculo del que son parte, y que a su vez constituyen.” (Krakov, H. 2006: Presentación)
Conceptualizaciones respecto del término Vínculo
Según el Diccionario Enciclopédico de H. Castell (1986) el término “vínculo” tiene su origen en el latín vinculum, de vincere, cuyo significado es atar. Significa unión o atadura de una persona o una cosa con otra H. Castell (1986: pag.1451). Atar a su vez remite a “unir, juntar o sujetar con ligaduras o nudos” (Castel H. 1986: 139).
El Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (2007) incluye además en su definición de “Vincular” la idea de tiempo, obligación y de algo producido y a producir: “Perpetuar o continuar algo o el ejercicio de ello… Someter la suerte o el comportamiento de alguien o de algo a los de otra persona o cosa.” La palabra incluye una modalidad de ligarse entre dos sujetos, que comprende aspectos latentes de la personalidad, que tiene un sentido de permanencia prolongada a lo largo del tiempo y que influye en forma considerable en la conformación del sujeto. Sugiere la idea de pertenencia, permanencia en la representación temporal y una ligadura profunda respecto del sí mismo.
Desde la teoría Psicoanalítica de las Configuraciones Vinculares el concepto vínculo fue adquiriendo diferentes reformulaciones teóricas. Los cambios radicales que se fueron elaborando en su teorización a lo largo de los años, desde aproximadamente la década del 80 hasta la actualidad, hacen que se plantee como un concepto complejo y difícil de asir. “Vínculo es una expresión compleja y, hasta ahora, sujeta a una casi permanente revisión” Berenstein, Isidoro. (2007:19).
La complejidad y dinamismo en su construcción teórica podría compararse metafóricamente al cause del río, a medida que el agua transcurre en su cause lo va modificando en su devenir. El concepto de vínculo, al igual que el cause del río, fue sufriendo transformaciones contundentes en el incansable intento de asirlo conceptualmente desde el trabajo en la clínica vincular y la producción teórica.
Berenstein I. y Puget J. inauguraron esta corriente psicoanalítica. Una de las primeras definiciones que ofrecieron en el trayecto de su enorme producción científica es descripta por Friedler R. (1998) en el Diccionario de las Configuraciones Vinculares. Allí se lo plantea como una noción central en esta la ampliación metapsicológica y lo definen como “una construcción básica para la construcción de la subjetividad que se da simultáneamente en tres espacios psíquicos, cada uno de ellos con sus representaciones específicas e independientes entre sí. Es una ligadura estable entre dos yoes (el subrayado es del autor) con características de extraterritorialidad. Se diferencia de la relación de objeto que es intrasubjetiva. Es una organización inconsciente constituida por dos polos (dos yoes, descripto desde un observador virtual, o un yo y otro, visto desde sí mismo) y un conector e intermediario que los liga… Se realiza en un entramado fantasmático que se produce entre los yoes, en una zona de contacto entre la investidura narcisista y lo incompartible del otro.” Friedler R. (1998: 451)Es registrado por ambos yoes como un sentimiento de pertenencia y se rige más por la suplementación que aporta el otro en cada yo que por la complementariedad.
Resulta particularmente interesante el recorrido histórico de los antecedentes del concepto que despliega Friedler R. (1998) en la definición del mismo, partiendo desde la obra de Freud hasta la actualidad, referenciando a Bateson (1956); Pichon Rivière (1956-57); Bion (1965), para quien, según expone la autora, el vínculo describe una experiencia emocional donde dos personas o dos partes de una personalidad que se relacionan unas con otras, con la experiencia de emociones básicas mediante ; Winnicott (1952); Kaës (1972); Aulagnier, P. (1975); Liberman, D. y Labos, E. (1982); Moguillansky (1991), entre otros. Desarrollar in extenso este punto excedería los objetivos del presente estudio, sin embargo se destaca estos antecedentes a fin de mostrar la trascendencia del concepto a lo largo del desarrollo psicoanalítico y reconocer el aporte que estos autores han realizado a la construcción conceptual del mismo.
Retomando la definición del concepto expuesta ut supra se remarca en la misma su referencia desde la lógica de dos yoes y un conector como una conceptualización congruente con el concepto de Yo y Relación de Objeto.
En la actualidad, el concepto de vínculo deviene en torno a un pasaje teórico del objeto al otro, de la relación de objeto al vínculo de sujetos y otros sujetos, del Yo al de sujeto del vínculo y de la idea de conector a la de situación.
Vínculo, sujeto y otro
Es así como, en el Ateneo Científico de APdeBA (2006), se resaltan dos conceptos como vertebrales en la actual producción teórica: la noción de otro y de vínculo. Al respecto se plantea: “Si bien no mantenemos un pensamiento unívoco, la categoría de otro en tensión con la de objeto, y la de vínculo con la de relación objetal, dio comienzo a un camino sumamente productivo que seguimos transitando.” (Palabras Preliminares)
En esta instancia Berenstein I. (2006) plantea que el “vínculo es pensado como una relación entre dos otros que comparten una situación, a partir de lo cual construyen para uno y el otro una subjetividad nueva; distinta a la que tenían previamente y a la que podrían generar con otros diferentes.” Berenstein I. (2006:2)
Nótese en esta nueva definición el giro conceptual que implica hablar de dos otros y de situación en lugar de dos yoes y de conector. Pensar el Vínculo desde la noción de yo y de conector implica continuar una mirada desde un posicionamiento en el plano intrapsíquico, concibiendo al otro desde objetalidad, es decir como objeto percibido desde el yo.
Al respecto del nuevo giro conceptual Berenstein (2007) advierte lo siguiente: “No es fácil pasar a otra concepción donde lo actual y lo pasado son pensados como una cinta de Moebius temporal y según la cual el vínculo entre dos es un punto de partida del proceso de subjetivación propio de la pertenencia a ese vínculo, que a su vez liga lo pasado, que parece estar tópicamente en un adentro (la memoria), con lo actual (los sucesos) que está en un afuera. Podemos decirlo en términos de una doble inclusión: de un adentro que contiene a ese afuera y un afuera que contiene a un adentro, o un pasado que contiene a un presente que, a su vez, contiene a ese pasado.” Berenstein (2007:107)
En otras palabras, el vínculo desde esta perspectiva resulta ser más un verbo que un sustantivo, es una instancia, un hacer entre otros, que da cuenta de una acción más que de un producto, y que tiene un efecto transformador en el sujeto. Berenstein, tomando una idea de Baumann Z., postularía que el cambio subjetivo es subsidiario del hacer con otro. Sin embargo hay autores que no acuerdan del todo con esta concepción.
“Esta idea de vínculo como un producto resulta de un trabajo de producción… que en tanto verbo habla de acciones que se consumen y se consuman en su propio accionar,… o queda incluido en ese producto. Ocurre algo similar a la subjetividad que se representa como estable y formada y deja en la penumbra que se trata de una producción efímera en un trabajo casi constante entre subjetivación y desubjetivación. Es difícil la idea de que lo que solemos llamar “vínculo” es un momento en una tarea permanente, un trabajo donde se reúnen vincularse y desvincularse… Conviene preguntarse si “vínculo” es un área, una porción de un espacio con cierto límite, algo así como un lugar adonde se entra o de donde se sale. Una fuente de ansiedad y de dolor en las parejas que se separan se expresa alrededor de la idea de que se debe salir de un lugar representado por la casa….Es posible que el punto de angustia sea desencadenado por la toma de contacto de que no hay ningún adentro de donde irse ni un afuera adonde dirigirse. El vínculo es ese lugar donde adentro y afuera se superponen y marca una zona imprecisa… la separación desnuda y muestra que el vínculo es tal en tanto se vaya haciendo. Para este trabajo no hay feriados ni fines de semana ni vacaciones, es una constante…” Berenstein, I. (2005:7-8) Nótese en estas palabras la cualidad dinámica y efímera desde la cual es entendida la producción vincular, a la vez que su efecto es percatado como dotado de estabilidad.
Se entiende desde esta posición teórica que el hacer con otro desde el vínculo produce subjetividad en un presente, es evanescente porque se dio y se cumplió en el mismo hacer, no tiene antecedentes ni tampoco su registro se guarda bajo la forma de recuerdo. Persiste la incertidumbre por lo que advendrá que no cesa con la representación de lo vivido. “se trata de presentaciones, novedades que se dan a partir de ese “entre nosotros” en tanto presencias y después dejan de darse y solo surgen en la experiencia vincular y no fuera de ella”. (Berenstein, 2007: 23)
Esta nueva conceptualización de vínculo genera la apertura hacia términos novedosos acerca a los cuales se hará referencia en el presente trabajo: Diferencia, Presencia, Imposición, Interferencia, Ajenidad, “Interpenetración de mundos psíquicos”y Mudanza Subjetiva (Krakov, H. 2006) (Spivacow, M. 2005)
Ajenidad y Presentación
El concepto Ajenidad remite al otro en su condición de Presentación: “El otro es ese que se presenta, me sorprende y al cual intento representar, me esfuerzo por hacerlo coincidir con un registro previo” Sin embargo la presencia del otro contiene algo que por novedoso no entre en el registro previo. Es una diferencia entre lo que se reproduce del otro y lo que se produce ahora, que al hacerle un lugar me modifica y modifica al otro. Berenstein (2007:79)
“Lo ajeno es aquello que la diferencia no modifica y lo que no es pasible de identificación… está destinado a permanecer ajeno y… me modifica porque me obliga. El otro se me impone. Con el otro, que es otro de mí, pero de quien recibo noticia de que soy otro para él, definitivamente somos ajenos, y es con ello y a partir de ello que deberemos producir un encuentro, diferente de la identificación y también de la identificación proyectiva.” Berenstein (2007:80) Son dos otros que inauguran un DOS aunque defensivamente se consideren como Uno y Uno: las producciones psíquicas que este Dos genera son distintas de las del Uno y una de ellas es el Efecto de Presencia: encontrarse un sujeto delante de otro. Se está aquí en otro tiempo espacio del de la ausencia, donde el objeto ausente del mundo interno buscará encontrar un sujeto presente en quien identificarlo.
Cabe aquí hacer una distinción. Desde esta perspectiva, Berenstein, I. utiliza las categorías presencia-ausencia en línea con presentación-representación. Supone que cuando el otro no esta presente, la ausencia implica la actividad del objeto interno. Mientras que en presencia, el otro se impone al sujeto. En esa imposición, y por efecto de presencia, se genera un DOS. Existen otras perspectivas teóricas que no acuerdan con este punto.
Krakov, H. (2007) parte de la idea de que hay inscripción psíquica en el sujeto del otro, pero en su condición de otro, diferenciable de la inscripción de objeto interno. Por tal razón en ausencia del otro, no necesariamente toma el centro de la actividad psíquica el objeto. Desde esta perspectiva, este sería el caso un proceso de desubjetivación del sujeto o del otro. La “memoria vincular”, concepto construido por el autor, daría cuenta de la actividad de la inscripción de los otros significativos en el mundo vincular de los sujetos.
“La presencia del ausente… le cabe al objeto en el mundo interno cuya falta revoca una presentación pasada y ausente. Cuando el objeto es proyectado en el otro, éste se convierte en objeto externo… que es conceptualmente diferente de otro… el otro excede lo proyectado en él y es esa excedencia lo que se da a conocer como presencia que informa de su ajenidad.” (Berenstein, 2007:81)
Otro – Objeto interno
Se resalta aquí la diferencia esencial entre esta noción de otro, con quien se produce un encuentro vincular generado a partir de lo ajeno, o insemantizable del otro, productor de lo nuevo e inesperado y la noción de objeto interno. Este último es concebido a partir de un estado emocional del self, en el espacio intrasubjetivo, mientras que el concepto de Ajenidad es pensado como un efecto en el entre los sujetos, que habilita un trabajo vincular.
Se tratan de dos geografías conceptuales: el ámbito de los objetos y del mundo interno y el espacio generado en el encuentro entre dos otros. Sobre esta distinción se volverá más adelante con el modelo de imbricación de los niveles teóricos por telescopaje postulado por Krakov, H (2007).
En esta instancia, las recientes teorizaciones introducen en el concepto de vínculo dos ejes de diferenciación: Mundo interno – Mundo Externo; Objeto interno – otro. “El “objeto interno”, habitante del mundo interno, consecuente con las alternativas que le ocurren al yo y atravesado por fenómenos proyectivos-introyectivos es heterólogo al “otro”. El otro es un sujeto (no un objeto) que tiene características irreductibles al del sujeto en cuestión. A tal carácter irreductible Berenstein lo denomina ajenidad, concepto que remite al carácter opaco del otro para el sujeto, e insemantizable en su totalidad. Propone así, como alternativa a la relación de objeto, la noción de vínculo de sujeto.” Berenstein, I. (2006:2)7 Desde esta perspectiva, la teorización vincular permite que lo determinante de un sujeto no son sólo las experiencias histórico – infantiles, sino que nuestro psiquismo está abierto a la transformación imprevisible que acontece frente a la presencia de otros en vínculos significativos actuales con el sujeto.
Siguiendo el pensamiento del mismo autor, se plantea que admitir a ese extranjero en tanto ajeno implica pertenecer al vínculo y estar dispuesto a modificar la identidad, lo que obliga a dos alternativas de acción: hacerlo desaparecer al otro y guardar la bondad del Uno o producir desde la imposición del otro y su ajenidad una actividad conjunta cuyo producto no se hubiera logrado desde el uno. (Berenstein, 2007: 81)
La pareja desde el UNO y desde el DOS
DOS hace referencia en una pareja a la conjunción vincular por la cual ambos sujetos producen la vida de pareja a partir de ser ese conjunto y ningún otro, mientras que UNO está pensado como el afincamiento en lo identitario, implica un origen único. (Berenstein, I. 2006:3)
Al respecto Janine Puget (2006) expresa lo siguiente: “Dos sujetos en presencia” originan un espacio entre dos que genera algo novedoso. Lo que se produce entre ambos tendrá “carácter de imprevisto”. Es un espacio irreductible, generador de subjetividad. De este modo se constituye el DOS. En cambio el UNO está asentado en el sí mismo, que promueve una identidad cada vez más sólida”. Janine Puget (2006:10)
A partir de este punto efectuamos el siguiente interrogante: ¿Qué es lo que dificultaría en algunos sujetos que están sin pareja y quieren estarlo la producción vincular?
Desde este trabajo postulamos que para la misma es necesario contar con una capacidad para registrar y tolerar la ajenidad del otro. “La presencia del otro con su ajenidad” produce una alteración, va a promover en los sujetos trabajo psíquico inherente al vincularse. Escuchar a otro genera defensas, porque implica que en cada sujeto se conmuevan ideas, valores y creencias. Desmentir al otro en tanto tal aparece como un intento de preservar y conservar incólume la propia mismidad.”… “Será necesario, para pertenecer a un vínculo, hacerle lugar a lo nuevo que el otro aporta en el “encuentro”. Pero en tanto el otro no es un complemento ni un semejante de la propia mismidad algo tendrá que hacer el sujeto con la omnipotencia y autosuficiencia herida.” Janine Puget (2006:10)
No se puede pensar en Dos si desde el sujeto no hay espacio de inclusión del otro. Tomando como metáfora la teoría de los conjuntos, se podría decir que si un elemento en un momento dado se concibe unitario no acepta la inclusión de otro, ambos resultan en ser mutuamente excluyentes. Frente a esto una alternativa posible podría ser que el otro se imponga con su presencia y en este acto penetre la impermeabilidad del Uno, habilitando el Dos, en un movimiento que a la vez también sería recíproco, empujando así desde afuera hacia adentro y desde adentro a hacia afuera.
A de finalizar este punto del marco teórico, se concluye que el psiquismo humano sostiene una tensión continua entre mismidad y transformación similar a la del cuerpo: cambia continuamente pero al mismo tiempo no dejamos de ser quienes somos. La esperanza de esta transformación sólo es posible sostenerla a través del proceso de vinculación con otros, al igual que la ansiedad frente a la incertidumbre del cambio.
Se podría pensar que enamorarse, al igual que vínculo, sería un estado que toma al sujeto por sorpresa, pero que a su vez éste debiera estar dispuesto a que se produzca. A continuación se desarrollan algunos conceptos que ayudarían a pensar sobre esta disponibilidad.
Hacia una conceptualización del psiquismo humano que incluya la vincularidad
El Dr. Héctor Krakov (2007) desarrolla un modelo de psiquismo que se tomará en el presente estudio. La particularidad del mismo reside en su apertura hacia a los inciertos cambios que tienen lugar en la medida que vivimos vinculados a otros sujetos humanos que nos transforman; aportando de esta manera herramientas teóricas para comprender las dificultades de algunas personas para vincularse.
El autor toma en cuenta los desarrollos teóricos sobre el psiquismo de los siguientes autores: S. Freud; M. Klein; D. Meltzer y Winsdom; y presenta cada modelo en esquemas gráficos. Posteriormente realiza una imbricación de los mismos en un modelo de telescopaje, integrando al modelo propuesto la teorización vincular y la triple espacialidad psíquica: el espacio intrasubjetivo, intersubjetivo y transubjetivo.
“A través de un modelo de telescopaje, se propone comprender cómo estarían imbricados, unos en otros, distintos niveles teóricos que pertenecen al marco conceptual objetal. Es justamente en este punto en el que la teorización vincular haría su aparición, generando un borde en el que se pone en tensión la diferencia entre objetalidad y otredad.” (Krakov, H. 2007: O. C.)
En primera instancia, Krakov, H. (2007: O.C.) toma dos dimensiones teóricas: la Teoría de la representación Freudiana y la Teoría de la Objetalidad Kleiniana.
Según lo expuesto, la primera estaría compuesta por las representaciones vícero-corporales (RVC), las narcisísticas de objeto (RNO) y las representaciones de objeto externo (ROE) en una mutua interacción entre ellas.
Esta dimensión quedaría contenida en la siguiente: la dimensión objetal kleiniana. “La imbricación sería de tal manera que el objeto interno, correspondiente a la posición esquizoparanoide (PEP) contendría a las RVC y las RNO. Mientras que en el de la posición depresiva (PD), estarían ubicadas las RNO y las ROE.” Krakov, H. (2007: O. C.) Se destaca además la mutua interacción entre los objetos de ambas posiciones.
“Esta diferenciación tiende a dar cuenta que las características del objeto interno de la PEP son solidarias con los avatares corporales y narcisistas, mientras que las de la PD, si bien incluye el narcisismo, toman en consideración, con mayor preponderancia, las características del objeto externo.” Krakov, H. (2007: O. C.) Siguiendo esta perspectiva, tanto en la teorización freudiana como kleiniana la inscripción subjetiva se realizaría desde el Yo hacia los objetos externos.
En la tercera dimensión el autor incluye la triple espacialidad psíquica: lo intrasubjetivo, lo intersubjetivo y lo transubjetivo. Es aquí donde se encontraría el modelo teórico de la otredad vincular.
El espacio intrasubjetivo estaría constituido por el mundo interno y los objetos que allí habitan, tanto los de la PEP como PD.
El espacio intersubjetivo “estaría conformado por redes que cada sujeto haya podido conformar con los otros significativos con quienes estuvo vinculado” Krakov, H. (2007: O. C.)
Este autor postula que la imposición generada por presencia discursiva del otro en su condición real produciría dos tipos de inscripciones:
- una correspondiente al otro externo: Que supone la captación de características “realísticas” del otro y el registro de aquello que no podrá inscribirse de él. (lo ajeno)
- La segunda correspondería al otro interiorizado que incluiría un grado de distorsión sobre el otro acorde con las características que el sujeto le atribuya. Esta inscripción del otro transita en dos polos que van desde la idealización de sus virtudes hasta la denigración sus características. Krakov, H. (2007: O. C.)
Desde la postura del autor, no abría trascripción posible entre la inscripción intrasubjetiva e intersubjetiva, ya que ambas son heterogéneas. Por ejemplo, en el trabajo en la clínica se suele encontrar sujetos donde los clivajes de ambas inscripciones no están discriminados y al utilizar en forma masiva la Identificación Proyectiva, se ve alterada la relación con el otro al tratarlo como objeto.
El espacio transubjetivo incluiría las inscripciones que “cada cultura instituye en los miembros que la componen, a los que atraviesa” (Krakov, H. 2007: O.C.) existiendo un interjuego entre el espacio intersubjetivo y transubjetivo.
La particularidad de este modelo psíquico reside en que nos ayudará a comprender conceptos como: interpenetración subjetiva, blindaje y resistencias de vincularidad, también desarrollados por el autor.
Registros Psíquicos del otro
Respecto de la inscripción del otro en el mundo vincular del sujeto, Krakov, H. (2007: O. C.) plantea lo siguiente: “Todo sujeto está ubicado en una determinada posición en el mundo. Como es imposible ser un usuario simultáneo de todos los puntos de vista, ubicarse en determinada posición supone haber optado por algunos de éstos o por determinados vértices, habiendo desechados otros. De allí que la imagen sugiera cierta estaticidad… otro sector de sí estará también vigente y activo, será con ambos sectores con los que un sujeto va a estar en intercambio de sentido con los otros.”
En este punto se plantea un posicionamiento subjetivo frente al otro donde se ponen en juego dos tensiones: mismidad y transformación.
El otro se presentará al sujeto en su dimensión real y será inscripto en el espacio intersubjetivo como otro externo.
Este otro tendrá para el sujeto dos sectores:
- uno que será pasible de ser conocido por identificación y resultará en lo máximo representable del otro;
- el segundo será un sector opaco, “roca viva incognoscible”, que resultará en ser lo real o ajeno del otro.
“La noción de otro excede a la de objeto. El otro está ahí, sin que el sujeto lo haya creado; más bien tendrá que vérselas con él aunque no quiera. Habrán dos registros psíquicos del otro: el otro pensado y el otro real. El primero es el que cada sujeto se representa del otro; lo máximo que podemos captar de ese otro. En cambio el real corresponde a esa presencia fáctica, nunca discernible totalmente, que incluye como característica su condición de ajeno. La desilusión es consecuencia del contacto del sujeto con el otro real, que nunca se superpone punto a punto con el pensado ni… De allí la idea de imposición.” Krakov, H. (2005:31)
La incidencia discursiva de ese otro en el mundo representacional significativo del sujeto, traerá como consecuencia un intercambio efectivo, es decir con “efecto”. Krakov, H. (2007: O. C.)
Siguiendo el desarrollo teórico del autor, se postula que este efecto del otro en el mundo sujetivo tendrá dos niveles de inscripción en el espacio intersubjetivo expuesto anteriormente:
- La inscripción subjetiva del otro externo: con lo máximo representable del otro y con lo ajeno.
- Una inscripción menos realista: el otro interiorizado. En este punto la posición sujeto del que inscribe será consecuencia de los vínculos con los otros significativos, porque serán los otros del vínculo los que instituirán su posicionamiento.
Aquí quedaría conceptualizado para el autor otra lógica de inscripción: la proveniente del ámbito de los otros. Esta lógica es diferente a la del mundo interno (intrasubjetivo) que se direcciona desde el yo hacia los objetos; desde este punto de vista la inscripción del otro conformaría el Mundo Vincular del sujeto en el espacio intersubjetivo. Krakov, H. (2007: O. C.)
Antes de finalizar este punto, el autor postula que la vivencia de mismidad proviene del contacto inconsciente del sujeto con el ámbito de sus objetos internos y con los otros significativos de su mundo vincular (el otro interiorizado y su posición de sujeto).
Es esta vivencia de mismidad la que según este autor se verá conmovida al incluir al otro en el mundo subjetivo propio.
Interpenetración de Mundos Psíquicos
Al constituir un vínculo de pareja se produce una interpenetración de mundos psíquicos: ambos sujetos generan un mundo vincular propio de ese nuevo contexto de significación diferente del que portaba cada uno anteriormente. “Será como consecuencia de cada intercambio efectivo que sujeto y otro se construirán recíprocamente, por y para ese vínculo en particular.” Krakov, H. (2007: O. C.)
Según el autor, es este intercambio efectivo el que genera un producto emergente que es el vínculo. “El vínculo no estaba antes ni es subsidiario de las historias identificatorias. Se trata de una instancia tercera que tiene el carácter de “paraguas simbolizante”. Es esta instancia tercera que le va a otorgar a los miembros de la pareja condición de Sujetos del vínculo. El carácter polisémico de la palabra sujeto supone en este caso, tanto una nueva subjetividad como la sujeción al otro.” Krakov, H. (2007:O.C.)
Para este autor, Vínculo es un “Producto emergente… consecuencia del intercambio que genera a los sujetos de ese vínculo en particular, a los que instituye. Vincularse supone, desde la perspectiva metapsicológica, interpenetración de mundos psíquicos. El vínculo, que implicará alojar mutuamente al otro con su mundo en el mundo propio, se constituye en un nuevo ámbito de producción de sentido. Deviene un contexto de significación diferente del que cada uno de los miembros portaba, y que fuera construido en su momento en las respectivas familias de origen.” Krakov, H. (2006:7) Se trata de una penetración mutua y recíproca con significación psíquica para ambos. Desde esta perspectiva, el vínculo sería un producto que se produce, a la vez que hace a los miembros de la pareja sujetos de ese vinculo (les da pertenencia y los sujeta al otro).
El Vínculo como un hacer o el Vínculo como producto emergente
Se hace notar al lector una diferencia conceptual entre el concepto de vínculo que aquí se expone y la definición planteada anteriormente desde el pensamiento de Berenstein, I. (2007) Éste último autor sostiene que el Vínculo remite a un hacer con otro y el cambio psíquico es subsidiario de ese trabajo conjunto.
Krakov, H. difiere de esta perspectiva y plantea que hay cambio psíquico cuando se produce interpenetración de mundos siendo el vínculo un “producto emergente” de este trabajo; este es un punto de diferencia del simple hacer con otro ya que se puede hacer con otro sin que la mismidad se conmueva y sin modificación psíquica. Como se presenta en las palabras siguientes, cada nuevo vínculo exige al otro un trabajo de apertura y mudanza en su posicionamiento sujetivo (de su posicionamiento identitario perteneciente a tal o cual vínculo).
“El posicionamiento subjetivo es, a la vez, consecuencia y efecto de las redes vinculares que haya podido establecer con otros significativos en el curso de su vida. Se trata de una historia subjetiva que corresponde a distintos momentos vitales en la que cada sujeto… está “posicionado” como consecuencia de haber sido instituido por los otros en ese lugar. Entiendo que, de ese modo, se construye, en cada uno, la categoría sujeto. Cada vínculo exigirá a sus miembros un cambio posicional, en tanto implica el pasaje de una posición previa a otra… con carácter impredecible. Este pasaje, vivido como una mudanza subjetiva, es inherente al establecimiento de todo nuevo vínculo. Será efecto de esta conmoción la emergencia de resistencias propias de la vincularidad.” Krakov, H. (2007:O.C.)
Esta diferencia conceptual plantea una aparente contradicción: ¿El cambio psíquico es subsidiario del hacer con otro (Berenstein, I.) o hay cambio cuando se produce interpenetración de mundos psíquicos?
Desde el presente trabajo se entiende que ambas posiciones son parte de un mismo movimiento, como la cinta de Moebius. La producción vincular es posible sólo desde un hacer con otro y cuando existe apertura a la interpenetración psíquica, es decir cuando hay tolerancia y disposición a hacerle un lugar en la propia subjetividad al otro, con la ajenidad y novedad que ello implica.
La conformación de un Dos es consecuencia de un cambio subjetivo, desde el cual se hace un espacio de inclusión mutua del otro en la propia subjetividad; al mismo tiempo, la novedad producida entre ambos, tendrá un carácter generador y transformador de las subjetividades incluidas.
Diferencias entre estar juntos, estar relacionados y estar vinculados
Desde esta perspectiva se entiende que el hacer con el otro sin que la propia subjetividad se conmueva involucra una operación diferente al estar vinculado; quizás podría pensarse como un estar en relación desde el registro subjetivo del otro pensado. Cabe aquí citar los desarrollos teóricos que realiza Berenstein, I. (2005) a propósito de la distinción de vínculo con estar juntos o relacionados.
Estar juntos, estar relacionados y estar vinculados son tres estares distintos. En el primero el vínculo no tiene vigencia ni significado, se puede postular un vacío vincular, una agregación de sujetos, lo cual se caracteriza por una fragilidad que puede pasar desapercibida durante un tiempo corto o largo… En la segunda modalidad, estar relacionados, hay vigencia sin significado, uno está a merced del otro, se le adjudica y asume poder de vida y muerte y en el tercero el vínculo tiene vigencia y significado, lo cual lleva a que los sujetos sean otros de los que eran antes de estar vinculados… Hay acciones de cada sujeto y acciones por estar vinculado. Si el vínculo no es “dado” como un dato natural podemos establecer que dispone de una violencia, ya que impone una modificación en los que la establecen, una modificación de su yo que resulta inexorable por y para pertenecer al vínculo y para establecerse en él.” Berenstein, Isidoro. (2005:13)
Se distingue así diferentes modos de estar con otros (Berenstein) que a su vez se acompañarían de diferentes niveles de apertura hacia la penetración del otro y la conmoción que ello produzca en la mismidad (Krakov). Se plantea así un campo de fuerzas en el encuentro de dos sujetos: por un lado la imposición, ajenidad y novedad que desde el otro conmovería la mismidad de cada sujeto (Berenstein); y por el otro la disposición de cada sujeto a ser conmovido por el otro, a introducirlo en su mundo subjetivo, a disponerse a hacerle un lugar. (Interpenetración de mundos psíquicos – Krakov).
En este encuentro de dos sujetos ambas fuerzan convivirían dinámicamente, y lo producido serán estados de cualidades diferentes: estar juntos, relacionados o vinculados; guardando la condición de este último para dar cuenta de que, significación mediante (Berenstein), hubo interpenetración subjetiva. (Krakov)
“Ciertamente "encontrar" a otro sostiene una ilusión pero lo que sigue es si pueden trabajar, tratando de producir a su vez el pasaje de estar juntos a estar relacionados y mucho mas a estar vinculados. En esto último cada sujeto ya es otro respecto del que era cuando estaban juntos.” (Berenstein, I. Respuesta a un e-mail de consulta personal enviado el 12 de Septiembre del 2005)
Se continúa la cita de Berenstein ya que ampliaría su posición respecto al concepto de vínculo.
“Vínculo me es cada vez una noción más y más enigmática y también lo es para nuestros pacientes aunque esté cubierta de certezas que, todo lo más, tratan de fijar un área sólida en un movimiento permanente. Solemos adjudicarle una estructura y una forma que a su vez esta sujeta a estructuración y desestructuración. Es un modo de ordenar una relación o la vida de dos o más sujetos que se proponen unirse sin querer saber de su imposibilidad. Vínculo es también usado como una marca y un estandarte, como un escudo o una bandera que representa un estado o un país que otorga pertenencia pero de donde se es a la vez ciudadano y extranjero, al cual se pertenece y del cual a la vez habrá que tratar de lograr una pertenencia, que acepta y también prohíbe algunas producciones, donde no todo se puede o sea no hay una libertad de estar instalado sin un compromiso hacia el otro que necesariamente opera como restricción y hay una restricción en la relación con el otro que a su vez amplia la subjetividad individual al hacerlo sujeto de ese vínculo…
Los sujetos por obra de su vincularidad se instituyen como sujetos otros. Pero está abierta la posibilidad de que el vínculo pueda perder su condición instituyente y pasar a convertirse sin quererlo ni saberlo en vacío de relación que perpetúa al sujeto en su forma de ser y sin lograr hacer, lo cual es decir: no devenir sujeto del vínculo, o mejor diría sujeto de la situación vincular. El vínculo sigue vigente pero no significa otra cosa que mantener la vigencia de esa relación que ya no significa movimiento o trabajo instituyente… En la relación con el otro nunca sabríamos donde estamos, al buscarlo encontramos que el otro está en otro lugar y no donde lo dejamos la vez anterior y el sujeto tampoco está en el lugar previo. La incertidumbre de esta situación es el motivo de la pesada construcción dadora de certidumbre… La ausencia o carencia de significancia no hace desaparecer el vínculo… entonces los sujetos relacionados lo viven como espacio vacío que puede no parecerlo si se llena de actividad, diversión, sexualidad, hijos, logros, adquisiciones materiales o intelectuales pero desde ahí ya individuales.
Vigencia es aquella cualidad o condición por la cual se da el vínculo como existente en su sentido general de unión y reunión. Significancia o significado es el conjunto de los valores que le dan sentido específico y singular a ese vínculo que lo hacen distinto de cualquier otro… Si la vigencia de la relación se caracteriza como estar unidos, ello solo no asegura esa significancia resultante de una operación que transforma estar unidos en estar vinculados. Una fuente de padecimiento es esta diferencia y la imposibilidad de cumplir con esa operación…. Antes caracterizamos la operación de vínculo como producción de Dos que no resulta de Uno y Uno y estar unidos o re-unidos es precisamente eso: uno y uno…
Los esfuerzos manifiestos, concientes o declarados de los sujetos por vincularse hablan de su fracaso porque es una operación que se da sin buscarlo y casi sin desearlo. Sería por añadidura como se dice del concepto de mejoría en psicoanálisis.
La relación entre los sujetos propone ese difícil tránsito reversible entre la relación con los objetos internos y la relación con el o los otros. Difícil estar con el otro si no se está consigo mismo y difícil la vida interior si no se está con otros. Aunque cada sujeto puede estar motivado por el deseo a realizarse con un otro, nada le asegura que se de la acción de vincularse… La acción de vincularse es silenciosa e invisible, surge por añadidura, es de corta duración y los sujetos debieran estar dispuesto a que se de sin la certidumbre de cuando, donde y como se producirá. El intento de recordarlo para reproducirlo va al fracaso porque confunde los hechos, la representación es de lo que fue… es un impedimento para conocer la presencia del otro cuando se da. Decir que tiene carácter efímero significa que se da como imprevisto y preverlo destruye en parte su capacidad de encuentro al que se confunde con la repetición de su recuerdo.
Quizá para que esta experiencia se dé haya que desear vincularse y aceptar que no se cumple en totalidad, donde el registro de sus efectos otorga la vivencia de estar con otro. La posesividad se relaciona con querer retener el vínculo bajo la forma de control y dominio del otro y a su vez destruye la capacidad de vincularse… Berenstein, Isidoro. (2005: 8-13)
El Blindaje de la Mismidad frente a la conmoción desde el otro
Krakov, H. (2005), en colaboración con al Lic. Lekerman R., llevaron a cabo experiencias grupales en el marco de talleres vinculares para solas y solos. En el libro de su autoría se relata la práctica y se destacan a dos ejes de análisis en torno a los cuales giró la dinámica grupal: nuevos – viejos, y vínculos – tzures .
Así, lo nuevo era permanentemente cotejado con lo viejo; y lo vincular, actual o pasado, era sentido como un “tzure” es decir asociado a una vivencia de sufrimiento, vulnerabilidad o problema. “Tzures… por una parte nombra el pesar subjetivo al establecer relaciones nuevas… a su vez la alusión a lo viejo incluía la idea de que la posición subjetiva, vigente en aquellas experiencias frustradas, se había mantenido intacta y aparecía como obstáculo también en la actualidad.” Krakov, H. (2005: 28)
En un taller donde se analizó el eje temático “Dinero, poder y sexo. ¿Cómo influyen en el primer contacto?” surgen diálogos entre los integrantes donde se deja entrever la necesidad de sostener frente al otro un lugar de poder en defensa del “propio territorio”, lugar de fortaleza que obtendría por finalidad ocultar frente al otro la propia vulnerabilidad. Siguiendo esta línea se analiza el material que va surgiendo, encontrando una insistencia que aparece como dificultad en los participantes respecto de los primeros contactos en lo que podrían ser relaciones de pareja: el punto límite de “hasta donde te dejo ingresar en mi mundo”. Krakov, H. (2005: 95)
Este material da cuenta de una dificultad por parte de estas personas en disponerse inicialmente a que el otro ingrese en su mundo personal, más aún si en el pasado existieron experiencias dolorosas. Esta dificultad aparecía acompañada de actitudes autosuficientes que respondería más a un modo defensivo de evitar cierto “nivel” de contacto frente al otro.
Al respecto comenta el Dr. Krakov, H. (2005:104) “para que algo se produzca… se propone estar en una posición abierta para el contacto. A mi criterio, en la actualidad, las personas tratan… inconsciente… de mantenerse en un mundo relativamente blindado.”
Comenta una participante: “Me quedé pensando en estar abiertos y en que tiene que ser una apertura de ambos. Abrirse a una relación y encontrar al otro en las mismas condiciones, porque si no es así te das contra una pared… Lo que me resulta difícil de tolerar hoy es que al abrirme, encuentro que el otro está cerrado. O, como veo gente que conozco: piden o suplican que una se abra y cuando lo logran, se asustan y salen disparados.” Dr. Krakov, H. (2005:105)
La interpenetración de mundos psíquicos es un “proceso por el que los miembros de una pareja comienzan a sentirse parte del mundo significativo del otro.” (2005:123) Para el autor, las consecuencias de la interpenetración subjetiva con el otro exponen a la vulnerabilidad. “La vulnerabilidad quiere decir que tenemos un sector abierto a la posible penetración del otro…” Krakov, H. (2005: 131) “Lo que nos queda por hacer es ponernos en posición de… Nadie puede decir “hoy me voy a enamorar”… pero sí estar disponible para… Hay que exponerse a la tolerancia al dolor. “ Krakov, H. (2005:133)
Una forma de estar protegido de la propia vulnerabilidad, es permanecer blindado frente a la emergencia del otro, evitando así el mínimo riesgo de que uno mismo “vuelva” a ser dañado. Krakov, H. (2005:104)
Una de las participantes de los talleres hace referencia a esta idea al hablar sobre ciertas experiencias que dejan la piel escaldada utilizando el término traje anti-llama. “Tengo puesto un traje anti-llama, para protegerme. No quiero que me vuelva a pasar algo parecido a mis experiencias anteriores. Ya me quemé.” Krakov, H. (2005:163)
Al respecto comenta el autor y coordinador del grupo: “El nombre original es traje “antiflama”. Es en ese sentido una producción inconsciente, porque incluye una sutil transformación… Al antiflama se le abrochó otra línea de sentido que tenía que ver con “llamado”… Supongamos que alguien tuvo una mala experiencia matrimonial de la que salió escaldado. Y como reacción, para no sufrir, se puso un traje anti-llama… quien lo use no sólo estará protegido del roce doloroso con otros sino que tampoco sufrirá las consecuencias del propio “calor”. Si además el “anti – llama” opera sobre llamar y ser llamado ¿Cómo conseguirá establecer un nuevo vínculo la persona que vive con ese tipo de traje puesto?” Krakov, H. (2005:164)
Desde esta perspectiva, se comprende cómo este “Blindaje” podría llegar a constituir una dificultad para emparejarse. La interpenetración subjetiva con el otro ”tiene que ver con… la sensación de que uno es parte del mundo psicológico del otro… La confirmación de que tenemos un lugar diferenciado y significativo para ese otro… La posibilidad de ser soñado por el otro, nos confirma como protagonista de su sueño.” Krakov, H. (2005:152) “Quizás el enamoramiento muestre de modo paradigmático la interpenetración psíquica, bajo la forma de un investimiento privilegiado, realizado mutuamente y en simultaneidad. Interpenetración supone la inclusión del otro en el mundo significativo propio, consecuencia del intercambio efectivo (quiere decir “con efecto”) realizado por los miembros de una pareja. No se produce en forma voluntaria o consciente. Es algo que puede ocurrir o no. Los sujetos tendrán que disponerse a que suceda, permeabilizando la mismidad a la penetración del otro”. Krakov, H. (2006:6)
Atendiendo a los desarrollos teóricos expuestos, se entiende que en los “singles” el blindaje operaría como una resistencia a la interpenetración psíquica entre el otro externo y el otro interiorizado, impidiendo así que la incidencia del otro penetre en el sentimiento de mismidad, ámbito de las relaciones con los otros significativos.
Es como si estos sujetos, a partir de experiencias dolorosas con otros significativos de su mundo vincular como por ejemplo pérdidas o traiciones, hubieran desarrollado sobre la “superficie del sí mismo” un taje anti-llama” que los protegería de ser conmovidos por los otros en el mundo de las relaciones presentes y al mismo apagaría el propio llamado afectivo.
Serían personas que sin saberlo pueden estar blindados, y por lo tanto afincados en el UNO, anclados en un determinado posicionamiento subjetivo que no estarían dispuestos a abandonar por la mudanza subjetiva que implica. (Krakov, H. 2007:O.C.)
Resistencias de vincularidad
La noción de triple especialidad psíquica, nos ofrece una enorme riqueza para comprender la subjetividad humana. Originalmente estos conceptos fueron publicados por Berenstein, I. y Puget, J. (1998) en “Psicoanálisis de una pareja matrimonial”.
Krakov, H. (2001) los retoma a fin de analizar los mundos en los que vivimos. En su base “postula un sistema de triple inscripción y registro simultáneo de un mismo suceso o fenómeno. Se inscribirían así simultáneamente un objeto interno, un vínculo y un lugar…” “La oposición Mundo interno/Mundo externo que nos legara Freud y se enriqueciera luego con el concepto de identificación proyectiva propuesto por la escuela inglesa, se vio amplificado enormemente con los espacios psíquicos. Desde esta perspectiva viviríamos simultáneamente en diferentes mundos psíquicos, con leyes de funcionamiento y características propias, en calidad de habitantes del mundo intrasubjetivo, intersubjetivo y del transubjetivo.” (Krakov, H. 2001:18).
Desde esta perspectiva se entiende que la teorización vincular permite pensar que lo determinante de un sujeto no se remonta sólo a las experiencias históricas-infantiles, sino que tiene lugar la inclusión del sujeto en sus vínculos significativos actuales, “en tanto instituyentes de subjetividad… Al inaugurarse así lo intra, lo inter y lo transubjetivo no habría ya un solo referente de subjetivación, hasta ahora marcado por el Sujeto de deseo; sería posible conceptualizar también un Sujeto de los vínculos y un Sujeto de la cultura.” (Krakov, H. 2001:25).
Para este último autor, vincularse supone interpenetración de mundos psíquicos, es decir alojar al otro con su mundo en el propio.
El intercambio mutuo entre sujeto-otro del vínculo producirá efectos, los que a su vez darán cuenta de distintos posicionamientos en las diferentes configuraciones vinculares, que a su vez movilizarán la propia mismidad. Toda pareja deberá construir desde su propia producción vincular un contexto de significación diferente del que cada uno de los miembros portaba, lo que a su vez los instituirá como Sujetos de ese vínculo en particular. “El vínculo con… los otros significativos, pasa a ser… instituyente de sentido y subjetivación, particularidad que hasta este momento sólo parecía provenir del mundo interno.” Krakov, H. (2001:26)
Este trabajo desde la producción vincular y esta permeabilidad frente a la inclusión del otro en el mundo vincular propio (interpenetración de mundos psíquicos), permite sentirse “mutuamente reconocido por el otro y designado como perteneciente a ese vínculo” Krakov, H. (2001:31) otorgando con ello una marca de pertenencia y reconocimiento de ese vínculo particular con ese otro en particular; marca que a su vez se asienta en la propia mismidad.
Siguiendo el pensamiento del autor planteado, se entiende que cuando ambas marcas son débiles o tienden a desaparecer se genera en el sujeto ansiedad de inexistencia; mientras que su reafirmación promueve la estabilización narcisista y tiende a la complejidad vincular. Krakov, H. (2001:31)
Desde esta perspectiva se postula que la interpenetración de mundos psíquicos daría lugar a “angustias de vincularidad”; y se describirían como efecto del atravesamiento o penetración que el vínculo genera. “No es angustia a vincularse sino por estar vinculado”. Krakov, H. (2001:31)
Según Krakov, H. (2001) la Angustia de Vincularidad, en tanto efecto de estructura, sería un indicador emocional observable, que incluso pudiera ser registrado por el propio sujeto, desde el cual sería posible inferir dos tipos de Ansiedades de base:
- engolfamiento: donde se temería perder la autonomía y supuesta individualidad para siempre, en función de que cada sujeto se vive siendo parte del mundo representacional del otro y, viceversa, se comenzaría a alojar representacionalmente al otro en el mundo significativo propio. “tengo la impresión de que si sigo así voy a quedar atrapado por la otra persona” “pienso en él todo el día, lo llamo, armo mi día con él. No puedo estar sin escuchar su voz”. Krakov, H. (2005:200)
- inexistencia: lo temido sería inexistir irremisiblemente para el otro, ya que se reconocería como fuera de su mundo representacional y por tanto cuestionada su propia constitución subjetiva desde ese vínculo en particular. “Soy transparente, no me ve, no existo para ella.” Krakov, H. (2005:200)
El trabajo de construcción vincular, ser sujeto del vínculo, moviliza estas ansiedades promoviendo con ello resistencias de vincularidad, que tendrían por finalidad repudiar, desmentir o negar los efectos del atravesamiento vincular en las personas quienes componen el vínculo. Tendrían la misma estructura teórica que en Freud las resistencias de transferencia, no son resistencias a transferir, ya que es una disposición universal, sino que la misma transferencia es considerada una resistencia, en relación con el recordar. Krakov, H. (1998:395)
Todo nuevo vínculo significativo implica, para sus miembros, cuestionar su participación y posicionamiento en sus vínculos anteriores. “Advenir sujeto de un vínculo implica modificación y acomodamiento representacional del mundo vincular al cual cada sujeto pertenecía. Hasta constituirse como sujeto de otro vínculo lo que el sujeto siente es que “el mundo cambia”. Krakov, H. (2001:32)
La expresión clínica de estas resistencias se muestran como actitudes de negación de la eficacia del vínculo en el sujeto o la negación de un trabajo vincular construido desde el DOS: “Mi vida es mi vida, vos no tenés nada que ver”… “el/la que cambió sos vos, la culpa es tuya” ”Ese no era el arreglo… yo me enamoré de otro/a”. Spivacow, M. (2005:90)
Se cita palabras del Dr. Krakov, H. en el taller mencionado anteriormente: “El vínculo les exige a sus integrantes un peaje, que es desalojarse de los lugares que ocupaban con antelación… este desalojo, genera resistencias de vincularidad… siempre estamos en algún lugar en relación con otros… y ése es el posicionamiento que tenemos en los vínculos que ya hemos establecido. “ser otro” implica ocupar otro lugar, lo cual supone “ser otro con relación a otros”. Esta idea hace tensión con otras como: a uno lo quieren cambiar. Por la cual pareciera que tuviéramos de nosotros mismos una versión “esfinge” o “estatua”, no modificable. No somos los mismos en modo permanente ni en todos los lugares…. En una relación que se mantiene en el tiempo algo se produce más allá de quienes la integren. Es a ese producto al que llamo vínculo. En ciencia de la complejidad, “eso que se produce” se denomina producto emergente, que es a su vez generador de un nuevo origen. Del mismo modo digo que el vínculo les otorga a sus miembros una nueva subjetividad: pasan a ser sujetos de ese vínculo en particular… establecer un nuevo vínculo implica tener que pagar un “peaje”: es el precio que se paga, por “ser” en la nueva configuración vincular. Este cambio genera resistencias… es el vínculo mismo que, con efectividad inconsciente, pide rendimiento personal a quienes ocupan el nuevo lugar.” Krakov, H. (2005:38).
La “mudanza subjetiva” que demanda el encuentro con lo novedoso y la construcción vincular moviliza estas ansiedades. “Hablar de mudanza alude a que tenemos que salir de donde estamos y ocupar otro lugar. Ser parte de un nuevo vínculo… podría ser pensado como una migración… Cuando no se produce la interpenetración de mundos psíquicos permanecemos en el plano de las relaciones… se trata de disponernos a “ir a otro lugar”, que recién vamos a conocer cuando lo ocupemos, y que en cierto modo no existe con antelación.” Krakov, H. (2005:31)
Por ejemplo, una persona rompe con su pareja que enviuda y al tiempo comienza una nueva relación. Esta persona comienza a sentir, con esta nueva pareja, sensaciones de engaño respecto de la anterior, o incluso llama a la pareja presente con el nombre de la del pasado. Se entiende que el espacio vincular inscripto en la subjetividad y construido en un pasado con el otro tiene vigencia aunque existan suficientes indicios de que el otro real ya no estará más presente. Subsiste el posicionamiento "sujeto esposa de" aún estando viuda. El otro (una nueva pareja) puede "rescatarla" de ese lugar tironeándola a ser "la nueva mujer de" y a su vez ella tendrá que hacer un trabajo de mudanza subjetiva para salir del lugar siendo ayudada por otro.
Berenstein, I. plantea otro concepto: la resistencia a lo vincular. Hace referencia a la oposición a dar lugar a la presencia que remite a la ajenidad del otro, se rechazaría la nueva inscripción del otro. “Algo de lo que está dentro de sí mismo y del otro queda irremisiblemente como ajenidad, y ésta debe ser aceptada como tal, permitiendo hacer lugar a lo inaccesible… lo imposible de tener lugar”. Berenstein, I. (2004: 41)
Se podría pensar que un sujeto que no tolera la incertidumbre por diversos motivos, desde la ansiedad frente a lo desconocido hasta la necesidad de control omnipotente, es un sujeto con dificultades para tolerar la ajenidad del otro. Esto daría lugar a resistencias a lo vincular.
Desde otra perspectiva, Janine Puget (2006) al referirse al espacio DOS habla de defensas-desmentida, sin embargo en sus palabras se podrían encontrar puntos de coincidencias con las resistencias de vincularidad que plantea Krakov. Se repite nuevamente su cita: “La presencia del otro con su ajenidad” produce una alteración, va a promover en los sujetos trabajo psíquico inherente al vincularse. Escuchar a otro genera defensas, porque implica que en cada sujeto se conmuevan ideas, valores y creencias. Desmentir al otro en tanto tal aparece como un intento de preservar y conservar incólume la propia mismidad.” Janine Puget (2006:10)
La Urdimbre Vincular
La noción de Urdimbre Vincular se la plantea como precursora de la producción vincular. Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española (2007) urdimbre son los “hilos” que se disponen en el telar para formar después el tejido y la disposición cautelosa para la consecución de algún designio.
Desde la vincularidad, se utiliza esta palabra para designar la disposición que pudiera llegar a tener un sujeto a ligarse con otros a fin de atravesar, ser atravesado, trabajar y sostener la producción de la “trama vincular”. “Tiene que haber disposición a vincularse… estar dispuesto a hacer las valijas, munidos de cierta tolerancia a lo incierto.” Krakov, H. (2005:43).
La Urdimbre Vincular permitiría tejer el estado de enamoramiento, sin embargo no es lo mismo, ya que el primero hablaría de una disposición, una apertura actitudinal, consciente o no, a tolerar la ajenidad del otro. El segundo en cambio funcionaría como una especie de “poxipol”, “una suerte de plataforma emocional compartida desde la cual se contiene el embate de la desilusión” Krakov, H. (2005:86). El enamoramiento estaría del lado de la reducción del otro a la condición de objeto pulsional, mientras que la Urdimbre Vincular sería lo que daría lugar a que se despliegue el “juego de los enamorados”, haciendo un “como si fueran UNO” pero guardando, aunque sea vivido como resabio, el registro de la ajenidad del otro a fin de propulsar a la producción vincular.
Llegado a este punto del marco teórico, se proponen las siguientes disposiciones psicológicas como precursoras a la producción vincular :
- Desear vincularse con otro sujeto en condición de tal y no de objeto, y estar dispuesto a que el encuentro vincular produzca pero sin la necesidad de controlarlo y aceptando que no se cumple en su totalidad. (Berenstein, I. 2005)
- Disponer de cierta tolerancia a la incertidumbre, a lo novedoso y a la ajenidad del otro, a fin de generar vínculo desde la diferencia. (Resistencia a lo vincular) (Berenstein, I. 2005; Puget, J. 2006)
- Disponer de cierta tolerancia al dolor y a la vulnerabilidad, permeabilizando la propia mismidad a la penetración del otro. (Blindaje) (Krakov, H. 2006)
- Disponer de una sensación de confianza básica en el otro.
- Estar dispuesto a entregar y recibir tiempo y espacio físico-mental al/del encuentro con el otro.
Si bien se entiende que estas disposiciones son precursoras del encuentro vincular, de ninguna manera están planteadas como aseguradoras de su venidero.
Se propone nombrar a estas Disposiciones Psicológicas al Emparejamiento como componentes de una noción que los englobe bajo el nombre de Urdimbre Vincular, siendo ésta una disposición psicológica general a ligarse con otros a fin de hacer juntos la “trama vincular”.
La segunda acepción se la denomina piel vincular escaldada. A diferencia del concepto anterior, curtiembre remite a acción y efecto de curtir y esta última a endurecer o tostar el cutis de la persona que anda a la intemperie mediante el efecto repetido de sufrir adversidades.
Este concepto denota la idea de superficie corporal dotada de cierta impermeabilidad por efecto repetido del roce.
Respecto de la situación vincular se despliega este concepto para dar cuenta de una dificultad para producir vinculo relacionada con cierta impenetrabilidad psíquica frente al otro. En la clínica podría aparecer asociada con sensaciones diversas: sentimientos de desconfianza, intentos de negar la ajenidad buscando la complementariedad o la semejanza, apelar a la ilusión de fusión en Uno, etc. En la producción imaginativa se conjugarían dos adjetivos opuestos que darían cuanta de un intento inconsistente de diferenciar claramente un adentro y un afuera: blandura - dureza; vulnerabilidad – fortaleza, diferenciaciones que estarían mostrando más bien una impermeabilidad psíquica a la inclusión del otro. “la roca es tan impenetrable como el gel”.
Krakov, H. (2005) plantea concepciones muy similares y congruentes a las anteriores en el marco de talleres de singles. “…para que algo se produzca… estar en una posición abierta al contacto. A mi criterio, en la actualidad, las personas tratan de mantenerse en un mundo relativamente blindado. Pero como es inconsciente, después, se quejan de las consecuencias del blindaje.” Krakov, H. (2005:104) ”Lo que me resulta difícil de tolerar hoy es que al abrirme, encuentro que el otro está cerrado. O, como veo en gente que conozco: piden o suplican que una se abra y cuando lo logran, se asustan y salen disparados.” (Palabras de un integrante del taller) (2005:105)
La noción de piel vincular escaldada sería muy similar al concepto de blindaje, en el sentido del efecto: la impermeabilidad hacia el otro.
La diferencia estaría en la inclusión de la vivencia de “piel curtida, lastimada por el roce con el otro” haciendo referencia a la idea del efecto que han dejado experiencias dolorosas con otros y que hubieran quedado inscriptas, no solamente en el espacio intrasubjetivo, sino en el registro del mundo vincular con los otros. Citamos como ejemplo las personas víctimas de violencia física por parte de sus progenitores desde su primera infancia y cómo esto pudiera afectar en la futura pareja.
Se estaría haciendo referencia a aquellas experiencias con otros significativos del mundo vincular que pudieron haber quedado registradas en el nivel de construcción con el otro de la propia vivencia de superficie corporal, concepto trabajado por autores como Winnicott y Rodolfo, R.
La complejidad teórica de la noción de piel vincular escaldada y sus implicancias con otros conceptos tales como el de vivencia de superficie corporal, excedería los objetivos del presente estudio sin embargo se lo propone como una idea incipiente a investigar y desarrollar en futuras investigaciones.
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